Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El turismo en Cuba se desploma y el régimen de La Habana busca desesperado refugio en el mercado asiático

El turismo en Cuba se desploma y el régimen de La Habana busca desesperado refugio en el mercado asiático

La reciente celebración de la Feria Internacional de Turismo (FITCuba 2025) ha dejado al descubierto la urgencia del gobierno cubano por reactivar un sector en franca decadencia. Con cifras que evidencian un fracaso rotundo en 2024, las autoridades de la isla apuestan ahora a una masiva llegada de turistas chinos, ignorando el deterioro urbano, los apagones y la crisis estructural que ahuyenta a los visitantes tradicionales.

Durante la inauguración de la 43 edición de FITCuba 2025, el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, calificó la recuperación del sector turístico como «una cuestión de honor» y la señaló como clave para impulsar la economía y el mejoramiento de la calidad de vida de la población. Sin embargo, la historia reciente del país demuestra que los compromisos de honor del castrismo suelen quedar en promesas vacías, tal como ocurrió con la otrora poderosa industria azucarera, hoy reducida a escombros por la ineficiencia estatal y la falta de inversión.

En un intento por revertir la caída libre de las llegadas internacionales, el ejecutivo cubano ha centrado sus esperanzas en el gigante asiático. China fue el país invitado de honor en esta edición de la feria, y la delegación, encabezada por el viceministro de Cultura y Turismo, fue recibida con honores por el gobernante Miguel Díaz-Canel. Esta movida se complementó con la reciente participación de una delegación del Ministerio de Turismo cubano en la Feria Internacional de Shanghái, con el objetivo explícito de atraer visitantes de esa nación.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos y de las concesiones otorgadas por el régimen de La Habana —como la eliminación de visas para ciudadanos chinos y la validación de sus tarjetas de pago en territorio nacional—, los resultados han sido magros. Durante el año 2024, los turistas chinos no lograron posicionar a su país entre los diez primeros emisores de viajeros hacia la isla. La distancia geográfica, los altos costos de los vuelos y la falta de conectividad aérea directa siguen siendo barreras insuperables que la propaganda oficialista omite sistemáticamente.

Las estadísticas del sector pintan un panorama desolador para las autoridades cubanas. El año 2024 cerró con un cumplimiento de apenas el 71,1% del plan de visitantes previsto, lo que representó una caída del 10% respecto a los ya pobres números de 2023. Los datos preliminares de los primeros meses de 2025 muestran una tendencia estancada que dista mucho de compensar los incumplimientos acumulados, evidenciando que la llamada «locomotora de la economía» ha descarrilado.

Frente a la incapacidad de competir en el turismo tradicional, los organizadores de FITCuba 2025 han intentado diversificar la oferta, otorgando un protagonismo inédito a la Comercializadora de Servicios Médicos para impulsar el turismo de salud. Esta estrategia genera una profunda indignación entre los cubanos, quienes sufren el colapso total del sistema sanitario público. Mientras se promocionan tratamientos de lujo para extranjeros, la población local enfrenta la imposibilidad de acceder a especialistas, la falta de medicamentos básicos y una deteriorada infraestructura hospitalaria.

Una isla en ruinas: el choque con la realidad

Los directivos del sector en la isla aseguran que Cuba es «más que sol y playas» y abogan por diversificar el producto turístico para atraer inversión extranjera. Sin embargo, la realidad que encuentran los viajeros al salir de los enclaves hoteleros contradice frontalmente este discurso. Las calles de La Habana exhiben un deterioro estructural alarmante: acumulación de basura en cada esquina, apagones interminables, acoso a los visitantes por parte de ciudadanos desesperados por conseguir un jabón o un alimento, y espacios públicos como el Parque de la Fraternidad sin bancas en condiciones de uso.

En este escenario de decadencia urbana y crisis de servicios, la recuperación turística parece una quimera. El entorno caribeño es altamente competitivo, y destinos como República Dominicana, México o Jamaica muestran un desempeño sólido, infraestructura moderna y estabilidad energética, factores que el régimen cubano no puede garantizar. La falta de libertad, la represión social y el control estatal absoluto también pesan en la percepción de los mercados internacionales y de los propios inversionistas extranjeros.

Contexto: El colapso estructural y la dependencia turística

El fracaso turístico no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. Desde la década de 1990, tras la pérdida de los subsidios soviéticos, el gobierno cubano convirtió al turismo en su principal fuente de divisas. Sin embargo, la falta de mantenimiento de la infraestructura hotelera, la centralización burocrática y la corrupción han minado la competitividad del sector. A esto se suma la hiperinflación que afecta los precios internos, haciendo que operar en Cuba sea cada vez más costoso y menos rentable para los operadores foráneos.

El colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y los constantes apagones no solo afectan la vida de los cubanos, sino que impactan directamente en la experiencia del turista, obligando a los hoteles a depender de generadores que incrementan los costos operativos. La dictadura cubana ha priorizado históricamente la construcción de nuevos hoteles vacíos por encima del bienestar ciudadano, una política que hoy cobra su factura. El desabastecimiento alimentario obliga a los resorts a importar insumos básicos, encareciendo una oferta que, en términos de calidad, está muy por debajo del estándar regional.

Además, el contexto de represión política y la persecución a la iniciativa privada limitan el desarrollo de un turismo más dinámico y diverso. Mientras en el resto del Caribe los pequeños empresarios enriquecen la oferta gastronómica y de alojamiento, en Cuba la dictadura mantiene un control asfixiante sobre el sector privado, impidiendo su florecimiento y limitando las opciones de los visitantes a las estructuras estatales, caracterizadas por el mal servicio y la apatía.

Consecuencias y panorama a futuro

Las implicaciones de este desplome turístico son graves para la ciudadanía. La falta de divisas provenientes del sector se traduce en una menor capacidad de importación, lo que agrava el desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos. El régimen de La Habana se encuentra en una encrucijada: sin el respaldo del turismo y con una industria azucarera inexistente, las opciones para sostener la economía se reducen a las remesas y al crédito de aliados como Rusia o China, cada vez más reacios a sostener un modelo económico fallido.

La comunidad internacional observa con escepticismo los intentos de las autoridades de la isla por maquilar la crisis. A menos que se produzcan cambios estructurales que incluyan la apertura económica real, el respeto a las libertades fundamentales y el cese de la represión, el turismo en Cuba seguirá su espiral descendente. La promesa de Manuel Marrero Cruz de recuperar el sector como «cuestión de honor» parece destinada a engrosar la larga lista de incumplimientos de un sistema que ha llevado al país a la ruina total.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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