Cuatro meses después de su retiro del Jardín Tabacalera en la Ciudad de México, las esculturas de Fidel Castro y Ernesto \»Che\» Guevara siguen resguardadas en una bodega municipal. La alcaldesa de la demarcación Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, exhibió imágenes del estado de las figuras y propuso fundir el bronce para erigir un monumento al político mexicano Carlos Manzo, en un gesto que reaviva la tensión con el oficialismo local y evidencia el repudio hacia los símbolos de la dictadura cubana.
Mediante sus redes sociales, la funcionaria difundió fotografías donde se observan las figuras de cuerpo entero protegidas con plástico de burbujas, junto a portadas de diarios nacionales que constatan la fecha de su resguardo. En su mensaje, Rojo de la Vega calificó a los líderes de la Revolución cubana como \»dictadores y asesinos\» y sugirió que el material de las estatuas, que pesan alrededor de 250 kilogramos, sea reutilizado para honrar la memoria de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan, Michoacán, asesinado el pasado 1 de noviembre.
El conjunto escultórico, conocido popularmente como \»la Banca del Che y Fidel\», fue instalado en 2017 para conmemorar el encuentro sostenido por ambos en 1955, previo a la expedición del yate Granma y el derrocamiento del régimen de Fulgencio Batista. Sin embargo, la obra del escultor Óscar Ponzanelli fue blanco constante de repudio ciudadano y vandalismo. En julio pasado, bajo la administración de Rojo de la Vega, las autoridades municipales procedieron a desmontar la banca argumentando la ausencia de permisos y documentación legal que avalara su colocación en el espacio público.
Repudio a los símbolos de la represión en la isla
El rechazo a estos monumentos en el extranjero refleja la creciente indignación internacional hacia la dictadura cubana y su narrativa histórica. Durante décadas, el régimen de La Habana ha exportado una imagen heroica de sus figuras fundacionales, ocultando el legado de persecución política, censura y violaciones sistemáticas a los derechos humanos que han caracterizado al sistema autoritario de la isla. Mientras Cuba se hunde en una profunda crisis estructural, marcada por la hiperinflación, el colapso de los servicios públicos y un masivo éxodo migratorio, los símbolos del poder revolucionario son percibidos cada vez más como íconos del fracaso estatal y la represión social.
La decisión de la alcaldesa se enmarca además en un agudo pulso político con el partido gobernante en México, Morena, que ha exigido investigaciones contra la funcionaria por su supuesta vinculación con disturbios en recientes marchas opositoras. El gobierno de Ciudad de México había señalado que las esculturas permanecerían bajo custodia mientras se dirimía la controversia, pero la propuesta de fundirlas representa un desafío directo a las instancias oficiales que defienden la obra como patrimonio cultural. Esta disputa no solo define el destino de unas piezas de bronce, sino que subraya la polarización regional en torno a la legitimidad de los símbolos del comunismo caribeño.