El excampeón mundial de peso pluma José Legrá, conocido en el mundo del pugilismo como \»El Puma de Baracoa\», murió a los 89 años en un hospital de Madrid tras agravarse una enfermedad diagnosticada recientemente. Su deceso marca el final de la vida de uno de los deportistas cubanos más exitosos en el exilio, cuya carrera se vio truncada en la isla por la prohibición del deporte profesional impuesta por las autoridades.
La Real Federación Española de Boxeo confirmó el deceso del púgil, ocurrido en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. Legrá, quien obtuvo la nacionalidad española en 1966, se erigió como una figura central durante la época dorada del boxeo en España en las décadas de 1960 y 1970. A lo largo de su trayectoria, registró 144 peleas profesionales, con un saldo de 129 victorias —49 de ellas por nocaut—, 11 derrotas y cuatro empates, consolidándose como uno de los grandes de su división.
El boxeador nacido en Baracoa conquistó por primera vez el campeonato mundial del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en julio de 1968, al derrotar al galés Howard Winstone. Tras perder la corona ante el australiano Johnny Famechon, recuperó el título en diciembre de 1972 tras imponerse al mexicano Clemente Sánchez en Monterrey. Su agilidad, velocidad y carisma le valieron comparaciones con Muhammad Ali, apodándolo también \»El pequeño Cassius Clay\».
El exilio forzado por la política deportiva del Estado
La trayectoria de Legrá está indisolublemente ligada a la historia política de Cuba. Inició su carrera profesional en 1960, pero tuvo que abandonar la isla tras la decisión de la dictadura cubana de prohibir el boxeo profesional, arrebatando a los atletas por decreto la posibilidad de desarrollarse en el circuito internacional y de percibir ingresos acordes a su talento. Tras pasar por México y Miami, recaló en España, donde rehízo su carrera y alcanzó la gloria deportiva lejos de su tierra natal, sumándose a la larga lista de talentos forzados al exilio por las políticas restrictivas del régimen de La Habana.
En sus últimos años, el histórico púgil residió en un centro de mayores en Madrid. A pesar de haber perdido gran parte de sus ganancias en inversiones fallidas, recibió apoyo del Fondo José Sulaimán y del entorno deportivo español. Su fallecimiento no solo representa la pérdida de una leyenda del deporte, sino que también ilustra el destino de numerosos atletas cubanos que, ante la falta de libertades y oportunidades en la isla, se vieron obligados a emigrar para escribir su nombre en la historia. Sus restos serán sepultados en el Cementerio Sur de la capital española.