El dos veces campeón mundial del peso pluma y figura fundamental del pugilismo español en los años 60 y 70, José Legrá, ha muerto en Madrid a los 89 años. Conocido como \»El Puma de Baracoa\», el púgil cubano-español tuvo que abandonar su tierra natal tras la decisión del régimen de Fidel Castro de erradicar el deporte profesional en Cuba, truncando el desarrollo de innumerables atletas.
Fuentes de la Real Federación Española de Boxeo confirmaron que el deceso ocurrió en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla a causa del agravamiento de una enfermedad diagnosticada recientemente. \»Se nos va un grande\», declaró a la agencia EFE Felipe Martínez, presidente de la federación, sintetizando el impacto de la pérdida en el mundo del boxeo. Los restos del excampeón serán sepultados en el Cementerio Sur de la capital española.
Legrá inició su carrera profesional en Cuba en 1960, pero su trayectoria en la isla fue cortada de raíz cuando la dictadura cubana prohibió el boxeo profesional, arrebatando a los deportistas la posibilidad de prosperar libremente en sus disciplinas. Tras pasar por México y Miami, el pugilista llegó a España a finales de 1963, donde obtuvo la nacionalidad y construyó un legado imborrable, conquistando siete campeonatos europeos y dos títulos mundiales reconocidos por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
El legado del \»Puma de Baracoa\» frente al control estatal
Su primer cetro mundial lo obtuvo en 1968 al derrotar al galés Howard Winstone, y lo recuperó en 1972 tras imponerse al mexicano Clemente Sánchez en Monterrey. Con un registro de 144 peleas, 129 victorias —49 por nocaut—, 11 derrotas y cuatro empates, Legrá se ganó los apodos de \»El Puma de Baracoa\» y \»El pequeño Cassius Clay\» gracias a su velocidad, carisma y un estilo provocador forjado durante su estancia en Miami junto al entorno del entrenador Angelo Dundee.
El caso de Legrá es un fiel reflejo de la política deportiva impuesta por las autoridades de la isla, que priorizó la propaganda estatal sobre el talento individual y forzó el éxodo de figuras destacadas hacia el exilio. Mientras el régimen de La Habana monopolizaba el deporte para fines políticos, atletas de la talla del baracoense tuvieron que emigrar para alcanzar el éxito internacional y la dignidad económica que el sistema comunista les negaba en su propio país.
En sus últimos años, el excampeón residió en un centro de mayores en Madrid, recibiendo apoyo del Fondo José Sulaimán tras haber perdido gran parte de sus ganancias en inversiones fallidas. Pese a los reveses económicos, Legrá mantuvo hasta el final una postura estoica sobre su vida. Su fallecimiento no solo marca el fin de una era dorada del boxeo, sino que reabre la memoria histórica del talento cubano que floreció fuera de las fronteras de su país, lejos del control y la censura del Estado.