Martes, 21 de julio de 2026
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Tres medallas olímpicas de atletas cubanos salen a subasta en EE. UU. como vía de subsistencia

Tres preseas olímpicas obtenidas por deportistas cubanos en Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004 se encuentran en subasta en la casa RR Auction de Boston, Estados Unidos. El remate evidencia una vez más cómo los atletas de la isla recurren a la venta de sus mayores logros deportivos para hacer frente a la profunda crisis económica y la falta de oportunidades impulsada por el régimen de La Habana.

De las tres condecoraciones en venta, la que ha despertado mayor interés es la medalla de oro perteneciente a uno de los peloteros del equipo nacional que conquistó la presea dorada en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. La puja, que finaliza este jueves, ha registrado 16 ofertas, alcanzando los 3.723 dólares, una cifra aún lejana a los 12.000 dólares estimados por la casa rematadora. La insignia, diseñada por Malcolm Grear Designers y fabricada por Reed and Barton, incluye la cinta original y un estuche de madera con el logotipo de los juegos del centenario. Por políticas de la empresa, no se revela la identidad del vendedor.

Las otras dos preseas corresponden a medallas de plata. La primera fue obtenida por el luchador Lázaro Rivas en Sídney 2000. Rivas falleció en 2013 tras ser apuñalado en una riña. Actualmente, la puja por su condecoración apenas supera los 1.000 dólares, muy por debajo del precio de reserva de 6.000 dólares, lo que podría impedir su venta. La segunda presea de plata pertenece a la taekwondoca Yanelis Labrada, quien se proclamó subcampeona en Atenas 2004 y actualmente reside en Miami. La oferta actual por su medalla es de 2.600 dólares, frente a los 12.000 esperados.

El patrimonio deportivo frente al colapso estructural

La venta de medallas ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en una dolorosa estrategia de supervivencia para los atletas cubanos. La precariedad material y el abandono institucional impuestos por la dictadura cubana han obligado a numerosos deportistas a deshacerse de sus condecoraciones para garantizar su sustento económico. Recientemente, la discóbola Yarelys Barrios vendió en eBay su plata de Pekín 2008 por 11.600 dólares, tras no poder devolverla al ser sancionada por dopaje.

El historial de estas subastas demuestra la magnitud del fenómeno. En 2021, la misma casa de subastas vendió la medalla de oro del saltador Iván Pedroso por 71.335 dólares y la del tirador Leuris Pupo por 73.205 dólares. En esa misma jornada, la plata del luchador Yasmany Lugo, obtenida en Río 2016, fue rematada por 25.000 dólares. El gobierno cubano, que históricamente ha explotado la figura del atleta como embajador político en el exterior, no ha logrado ofrecer alternativas reales a una clase deportiva que ve cómo su pasado glorioso se diluye en el mercado de segunda mano.

La diáspora del patrimonio olímpico cubano proyecta un futuro sombrío para la memoria histórica del deporte nacional. Mientras las autoridades de la isla continúen sin rendir cuentas por el abandono de sus atletas, el patrimonio histórico de la nación seguirá dispersándose en el mercado internacional, dejando un vacío irreparable en la identidad deportiva del país.

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