El reconocido escritor cubano Félix Luis Viera, residente en Miami desde 2015, repasa su trayectoria literaria marcada por la censura y la dureza del sistema implantado en la isla. En una reciente entrevista, el autor detalla cómo el régimen de La Habana utilizó campos de trabajo forzado como las UMAP para silenciar a disidentes, religiosos y homosexuales durante la década de 1960.
Con una sólida obra que abarca poemarios, relatos y novelas, Viera ha documentado la realidad de la isla desde una perspectiva crítica y testimonial. Su juventud en Santa Clara estuvo marcada por la penuria económica y la obligación de insertarse en un sistema laboral impuesto por el gobierno cubano. Huérfano a los 16 años, tuvo que abandonar sus inclinaciones humanísticas para estudiar contabilidad, sometiéndose a jornadas extenuantes y a los denominados \»trabajos productivos\» en el campo, una práctica común del Estado para controlar a la población y extraer mano de obra gratuita.
Fue en 1976, tras obtener el Premio David de Poesía, cuando logró un traslado a la Dirección de Cultura que alivió su situación. Sin embargo, su obra más emblemática, \»El corazón de un rey\», es un testimonio crudo del lustro 1963-1968 en el interior de Cuba. Viera confesó que redactó esta novela, considerada una \»epopeya de lo civil\», en condiciones de extrema precariedad: utilizando papel robado, reciclando cinta de máquina de escribir y enfrentando el hambre, obstáculos que reflejan el desabastecimiento y la falta de libertades que han caracterizado al sistema desde sus inicios.
El horror de las UMAP y la persecución ideológica
La experiencia de Viera en las Unidades Militares para Ayudar a la Producción (UMAP) quedó plasmada en su novela \»Un ciervo herido\». El escritor pasó seis meses en 1966 en estos campos de trabajo forzado, creados por la dictadura cubana para confinar a religiosos, homosexuales y opositores políticos. Viera fue liberado tras comprobarse que se había violado la ley al reclutarlo, siendo él el único sostén de su madre. No obstante, el autor recuerda la vileza de arrancar a los jóvenes de sus hogares sin previo aviso, una práctica que evidencia la violencia estatal institucionalizada en los primeros años del proceso revolucionario.
El exilio del autor hacia Estados Unidos se inscribe en el continuo éxodo migratorio de intelectuales y ciudadanos que huyen de la asfixia política y económica de la isla. Las condiciones en las que Viera tuvo que escribir y sobrevivir durante sus primeros años, y posteriormente su decisión de radicarse en el extranjero, ilustran el cerco impuesto por las autoridades de la isla a la creación artística y a la autonomía individual. La represión documentada en sus novelas no es un fenómeno aislado del pasado, sino el cimiento del control social que aún mantiene en crisis a la nación.
La obra de Félix Luis Viera trasciende la anécdota personal para convertirse en un archivo histórico de la represión en Cuba. Su testimonio cobra vigencia en un contexto donde la censura y el acoso a la disidencia persisten bajo el ejecutivo cubano. Preservar estas narrativas resulta fundamental para la memoria histórica del país y para exigir a la comunidad internacional una postura más firme frente a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que continúan obligando a miles de cubanos a abandonar su tierra.