El encargado de negocios de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, sostuvo un encuentro con la periodista Camila Acosta y el escritor Ángel Santiesteban, como parte de una gira de contactos con la sociedad civil que ha generado fuertes fricciones con las autoridades de la isla. El diplomático busca medir el pulso de la población cubana frente a la crisis estructural y la política de Washington.
El intercambio, que se extendió por aproximadamente una hora, tuvo como eje central la percepción ciudadana sobre la política estadounidense hacia La Habana y el relato de la realidad nacional en el exterior. Acosta detalló que el diplomático mostró un particular interés en cómo se documenta la crisis fuera de la isla, con el objetivo de que la comunidad internacional conozca la veracidad de los hechos y el anhelo de cambio de la población. Durante la cita, la periodista trasladó a Hammer las inquietudes recogidas en la calle, donde se percibe un aumento palpable en las expectativas respecto a la apertura democrática y las libertades fundamentales.
Esta reunión se inscribe en una serie de recorridos que el diplomático ha mantenido con diversos actores de la sociedad civil, incluyendo a la prensa independiente, líderes religiosos y organizaciones como la masonería. En días previos, Hammer visitó la redacción del diario 14ymedio para conversar con su directora, Yoani Sánchez, y su editor, Reinaldo Escobar, sobre las dificultades del ejercicio periodístico en el país. Asimismo, se reunió con el Supremo Consejo Masónico de Cuba para abordar los retos que enfrentan los ciudadanos y la logística para la distribución de ayuda humanitaria.
Hostigamiento y advertencias del gobierno cubano
La estrategia de acercamiento directo de la diplomacia estadounidense ha chocado de frente con la maquinaria represiva del Estado. El régimen de La Habana ha intentado sistemáticamente boicotear estos encuentros mediante el acoso y la intimidación. En los últimos meses, la Cancillería cubana emitió una advertencia verbal al diplomático, calificando sus interacciones con la ciudadanía como conductas \»intervencionistas\». Además, el Departamento de Estado de EE.UU. denunció la organización de actos de repudio contra Hammer en la provincia de Camagüey, una táctica habitual de la dictadura para aislar a figuras disidentes y obstaculizar la labor diplomática internacional.
Desde su llegada a La Habana, la gestión de Mike Hammer ha mantenido una postura firme de denuncia frente a las violaciones de derechos humanos, las detenciones arbitrarias y la censura. Estos encuentros no solo evidencian el respaldo de Washington a los sectores críticos, sino que también ponen de relieve la asimetría entre el creciente clamor social por un cambio democrático y el endurecimiento autoritario de la dictadura cubana. La continuidad de estas visitas plantea un desafío directo al control informativo y social que el poder ejerce sobre la población, en medio de una profunda crisis económica y de derechos que sigue empujando al exilio a miles de cubanos.