Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Cuba

Jubilados en Santa Clara se ven obligados a mendigar y trabajar en la calle ante el colapso de las pensiones

En Santa Clara, la provincia más envejecida de Cuba, decenas de adultos mayores sobreviven de la caridad y el trabajo informal en las calles, evidenciando el fracaso del sistema de seguridad social. Ante pensiones que no superan los 2.000 pesos y una inflación galopante, ciudadanos que ejercieron profesiones técnicas toda su vida ahora recogen basura o venden chatarra para poder comer un plato de comida al día.

El parque Las Arcadas, en el centro de la urbe villaclareña, se ha convertido en un improvisado comedor social. Cada semana, un grupo de ancianos espera la llegada de voluntarios que distribuyen alimentos, muchas veces la única ingesta del día para estos ciudadanos. Es el caso de José, de 82 años, quien antes de jubilarse trabajó como especialista principal en Economía. Con una pensión insuficiente, sobrevive revendiendo cigarros y cuchillas de afeitar, o revolviendo basureros en busca de aluminio para vender. \»Mira que lucho en la calle y ni así me alcanza para nada\», lamenta este anciano, quien pide no ser fotografiado para que su hijo no vea su precaria situación.

El abandono institucional de la tercera edad

La situación de José no es un hecho aislado. A pocos metros de la Terminal Intermunicipal, Julián Marrero, de 80 años y veterinario jubilado, intenta vender cintos de cuero para sobrevivir. Con una pensión que apenas supera los 2.000 CUP, Marrero asegura que sin esta actividad informal \»no pudiera vivir porque el peso ya no tiene valor\». En la misma zona, otros adultos mayores como Alex y Arturo se dedican a coser suelas de zapatos bajo el sol hasta las cinco de la tarde, combinando estos oficios con empleos de custodia para poder costear medicamentos en el mercado informal, ausentes en la red de farmacias estatales.

El régimen de La Habana ha mantenido un discurso triunfalista en torno a la atención al adulto mayor, pero la realidad de las calles desmiente cualquier indicador oficial. La prensa estatal suele destacar la reinserción de jubilados en centros de trabajo gubernamentales, pero ignora el altísimo porcentaje de ancianos que ejerce el trabajo por cuenta propia de manera precaria para subsistir. La exministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, llegó a calificar a los recolectores de materias primas como \»ilegales\» que optan por un \»modo de vida fácil\», un desprecio institucional que refleja la desconexión del gobierno cubano con la crisis estructural que azota a la población.

El abandono de la tercera edad es un síntoma del deterioro profundo del modelo económico cubano y de la incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar los derechos básicos. Mientras la inflación devora los magros ingresos de los jubilados y el éxodo migratorio vacía el país de su fuerza laboral, la dictadura cubana mira hacia otro lado mientras sus ancianos se ven obligados a mendigar en los portales. La continuidad de esta política de abandono no solo profundiza la crisis humanitaria, sino que evidencia la pérdida total del contrato social que el Estado supuestamente garantizaba.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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