La Comunidad Hebrea de Cuba emitió una firme condena contra Mariela Castro Espín tras negar esta la existencia del pueblo judío durante su participación en el programa televisivo Mesa Redonda. La diputada e hija del exmandatario Raúl Castro utilizó el espacio oficialista para lanzar acusaciones de supremacismo contra el sionismo y minimizar la identidad hebrea, generando un rechazo generalizado que califica sus palabras de antisemitas y como un claro acto de abuso de poder.
En el transcurso del programa emitido por la televisión nacional, Castro Espín, quien también dirige el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), aseguró que, aunque existe la religión judía, no se puede hablar de un pueblo judío. En su intervención, la también parlamentaria sostuvo que los miembros de esta comunidad se victimizan para justificar la ocupación de territorios palestinos, negando además su condición de hebreos o semitas. Estas afirmaciones fueron complementadas con la etiqueta de «movimiento supremacista político» para referirse al poder sionista, en un tono que trascendió la crítica geopolítica para adentrarse en la negación identitaria.
La respuesta institucional desde la fe no se hizo esperar. A través de un comunicado publicado en su página oficial de Facebook, la Comunidad Hebrea en la Isla rechazó tajantemente las declaraciones de la hija del general Raúl Castro, señalando que «esta vez ha ido demasiado lejos». El texto subraya el grado de impunidad con el que se expresó la funcionaria, evidenciando lo que consideran un claro sentimiento antisemita y un odio desmedido que no solo demuestra un profundo desprecio hacia los judíos cubanos y del mundo entero, sino que además incita a la intolerancia dentro de la sociedad cubana.
Para la representación religiosa, resulta «alarmante» y constituye «un acto evidente de abuso de poder» que se haya utilizado un espacio televisivo de alcance nacional para emitir criterios que describen como incoherentes, hirientes, irresponsables e irrespetuosos. La declaración hace énfasis en que el deseo de paz para el pueblo palestino no otorga derecho alguno para descalificar, maldecir o atacar al pueblo de Israel, marcando una línea clara entre el activismo político internacional y el odio étnico o religioso.

Mesa Redonda: Activismo LGBTI en tiempos de neofascismo
«Si el objetivo de sus palabras era ofendernos, lo ha logrado. Pero también ha fortalecido nuestra dignidad. Si sus ofensas pretenden quedar impunes, sepa que nuestra respuesta será firme, digna y también impune», concluye el comunicado de la comunidad, en una inusual muestra de repudio público hacia una figura de la cúpula de poder en Cuba, donde la disidencia o la crítica a los herederos de la revolución suelen ser rápidamente silenciadas o reprimidas.
Antecedentes de un discurso radicalizado
Las recientes declaraciones de Castro Espín no son un hecho aislado, sino que se enmarcan en una postura radicalizada que ha mantenido desde que se recrudeció el conflicto entre Israel y Palestina a finales de 2023. En noviembre de aquel año, la directora del CENESEX participó en un encuentro público en la Universidad de La Habana, donde lució una kefia palestina y exigió presiones «más radicales» frente al escenario internacional, marcando un tono beligerante.
Durante aquella ponencia, Castro Espín intentó deslindarse de la posición oficial del ejecutivo cubano asegurando que hablaba desde su concepción personal como «ciudadana del mundo». Sin embargo, argumentó que la Intifada, si bien tenía un valor simbólico en la resistencia palestina, ya no era suficiente frente al imperialismo, sugiriendo que la confrontación no podía limitarse a las piedras, las palabras ni a la vía diplomática. Esta postura abrió un debate sobre la incitación a la violencia desde figuras gubernamentales que gozan de total inmunidad en la isla.
Históricamente, el gobierno cubano ha mantenido una postura de solidaridad incondicional con la causa palestina en foros internacionales. Sin embargo, las declaraciones de Mariela Castro cruzan la frontera de la diplomacia y el apoyo geopolítico para adentrarse en el antisemitismo, algo que la Comunidad Hebrea —presente en la isla desde principios del siglo XX y que sobrevivió a la nacionalización de sus bienes en los primeros años del proceso revolucionario— ha decidido no tolerar.
Contexto sistemico: Propaganda, impunidad y crisis estructural
El uso de la Mesa Redonda, uno de los principales vehículos de propaganda del régimen de La Habana, para difundir afirmaciones que niegan la identidad de un pueblo, refleja la falta de control democrático y la impunidad con la que operan las figuras afines a la dictadura cubana. Mientras el Estado mantiene un monopolio absoluto sobre los medios de comunicación, los ciudadanos carecen de plataformas para replicar o debatir en igualdad de condiciones las afirmaciones emitidas desde el poder, lo que convierte la televisión nacional en un altavoz de discurso unidireccional.
Esta controversia surge en medio de la profunda crisis estructural que asola a la isla. Con una inflación galopante, un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, apagones prolongados que superan las 10 horas diarias en varias provincias y un éxodo migratorio sin precedentes, las autoridades de la isla han recurrido históricamente a la retórica antiimperialista y a los conflictos internacionales como mecanismos de distracción frente a los fracasos internos. Las declaraciones de Mariela Castro encajan en esta estrategia de polarización ideológica que busca desviar la atención de la incapacidad del sistema para garantizar los derechos básicos de la población.
Además, la dictadura cubana mantiene una política sistemática de represión social y persecución política contra cualquier voz disidente. La condena emitida por la Comunidad Hebrea cobra una dimensión especial en un país donde la libertad de expresión está severamente limitada y el activismo independiente suele ser criminalizado. El hecho de que una agrupación religiosa se atreva a señalar un «abuso de poder» por parte de un miembro de la familia Castro evidencia tensiones que trascienden la política exterior y rozan el agotamiento ciudadano frente a los privilegios de la élite gobernante.
Implicaciones y consecuencias a futuro
El incidente social y diplomático generado por las palabras de la diputada podría tener repercusiones en la ya tensa relación de las autoridades de la isla con la comunidad internacional. La comunidad hebrea a nivel global y diversas organizaciones de derechos humanos suelen monitorear de cerca los brotes de antisemitismo institucional. La normalización de este tipo de discurso desde figuras con poder real en Cuba podría derivar en repudios por parte de organismos internacionales y afectar los escasos lazos diplomáticos que el régimen intenta mantener con naciones occidentales.
Para la ciudadanía cubana, este episodio reafirma la desconexión entre la élite en el poder y las realidades que enfrentan las minorías religiosas y la sociedad en general. Mientras el país se hunde en la precariedad económica y la falta de libertades fundamentales, las figuras del régimen utilizan las plataformas estatales para emitir juicios que polarizan y ofenden. La respuesta de la Comunidad Hebrea marca un precedente de dignidad que contrasta con el silencio forzado que la dictadura impone al resto de la población, dejando en evidencia la fragilidad moral de un sistema que se sostiene mediante el miedo y la propaganda.



