Jueves, 23 de julio de 2026
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La depauperación económica empuja a los cubanos a vender sus alhajas de oro en las calles para sobrevivir

En las calles de Santa Clara y otras ciudades de la isla, la compra de oro fragmentado o dañado se ha convertido en un negocio informal en auge. Los vendedores, en su mayoría personas mayores, se ven obligados a desprenderse de reliquias familiares frente a la imposibilidad de costear la canasta básica, en medio de una inflación galopante y el colapso económico impulsado por el régimen de La Habana.

El pregón \»se compra cualquier pedacito de oro\» resuena a diario en los barrios periféricos de Santa Clara. Compradores itinerantes recorren largas distancias equipados con imanes, líquidos reactivos y piedras de toque para evaluar la pureza de prendas rotas, aretes viejos o cajas de reloj. Para estos colectores, no existe pieza demasiado deteriorada; todo se transforma en materia prima. El material adquirido, conocido en el argot del sector como \»chatarra\», es posteriormente fundido y vendido a joyeros locales, quienes lo utilizan para crear nuevas alhajas o puntos de soldadura, introduciéndolas en un mercado donde superan los 100 dólares.

Las transacciones se ajustan a los precios internacionales del metal, calculados a través de aplicaciones móviles y convertidos a la moneda nacional. En el mercado informal, el gramo de \»oro criollo\», de menor pureza, se cotiza alrededor de los 10.000 pesos cubanos, mientras que el \»oro de fábrica\», con mayor quilataje y certificaciones de origen extranjero, alcanza los 13.000 pesos. Joyeros locales explican que el valor fluctúa diariamente según la tasa de cambio de la divisa en el mercado negro, manteniendo una tendencia al alza que refleja la devaluación de la moneda nacional impuesta por el gobierno cubano.

El costo social de la crisis

Detrás de este floreciente negocio subyace una tragedia social. Los principales proveedores de este mercado son adultos mayores que, tras décadas de guardar pequeñas reliquias familiares, se ven forzados a liquidarlas para comprar alimentos o medicinas. La falta de oportunidades, el desabastecimiento crónico y la pérdida del poder adquisitivo han empujado a amplios sectores de la población a deshacerse de sus últimos ahorros tangibles. Esta dinámica es un reflejo directo del fracaso del modelo económico impulsado por las autoridades de la isla, que ha dejado a la ciudadanía sin redes de contención frente a la pobreza extrema.

La desesperación por obtener efectivo también ha propiciado un terreno fértil para la estafa. Medios independientes y usuarios en redes sociales han denunciado el aumento de fraudes donde supuestos compradores utilizan mercurio para blanquear las joyas, haciéndolas pasar por piezas enchapadas y adquiriéndolas a precios ínfimos. Expertos en orfebrería advierten que estas prácticas no solo defraudan al vendedor, sino que destruyen la pieza original, que termina siendo fundida y revendida por los estafadores. La ausencia de regulaciones efectivas y la proliferación de estos intercambios en plataformas digitales agravan la vulnerabilidad de quienes buscan paliar la crisis vendiendo sus bienes.

El auge de la compra de oro por \»pedacitos\» ilustra la profundidad del colapso estructural que atraviesa Cuba. Mientras la inflación devora los salarios y el éxodo migratorio vacía los pueblos, la ciudadanía se aferra a estrategias de supervivencia cada vez más precarias. La liquidación del patrimonio familiar para costear la subsistencia diaria augura un futuro donde las generaciones venideras heredarán únicamente las consecuencias de la miseria y la ineficiencia sistémica sostenida por la dictadura.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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