Domingo, 27 de septiembre de 2026
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La paradoja sanitaria de Cuba: la «potencia médica» sin medicinas ni recetas

La paradoja sanitaria de Cuba: la «potencia médica» sin medicinas ni recetas

La escasez crónica de medicamentos en Cuba ha empujado a la población a extremos insospechados para tratar dolencias básicas, evidenciando el colapso total del sistema sanitario. Mientras el régimen de La Habana mantiene la retórica de ser una potencia médica internacional, los ciudadanos se ven obligados a recurrir a remedios caseros, el mercado informal e incluso sustancias peligrosas para curar heridas, ante la incapacidad estatal para proveer fármacos y materiales básicos.

El gobierno cubano ha atribuido durante décadas la falta de medicinas al embargo estadounidense, argumentando dificultades para adquirir materias primas y negociar con proveedores. Sin embargo, la realidad apunta a una profunda crisis de insolvencia y falta de credibilidad financiera. Las autoridades de la isla evitan los pagos al contado y han incumplido sistemáticamente sus compromisos financieros en el sector biotecnológico y farmacéutico, lo que ha alejado a los posibles proveedores internacionales dispuestos a otorgar líneas de crédito a un Estado que rara vez honra sus deudas.

A la imposibilidad de importar se suma el fracaso de las promesas oficiales de sustitución de importaciones farmacéuticas. La situación en el terreno es crítica y empeora a simple vista: decenas de farmacias han cerrado sus puertas debido al deterioro estructural severo, peligro de colapso o derrumbes tras años sin recibir el más mínimo mantenimiento. En los contados establecimientos que aún permanecen en pie, la estantería vacía es la norma, haciendo indiferente para el paciente que el local esté abierto o cerrado, pues rara vez hay algo que dispensar.

La odisea de la atención sanitaria y el mercado informal

Ante la carencia absoluta en la red estatal, los cubanos han tejido una red de supervivencia sanitaria. Muchos han regresado a la medicina natural, utilizando cocimientos, tisanas e infusiones para aliviar cualquier dolencia. Paralelamente, ha florecido un activo mercado informal en redes sociales donde se intercambian y venden fármacos importados, que nunca llegan a la red estatal de distribución, creando un sistema de salud paralelo financiado por la desesperación y las remesas familiares.

La crudeza de esta crisis se refleja en casos cotidianos, como el de un residente de La Habana identificado como Mario, quien tuvo que buscar desesperadamente cómo curar una herida profunda en la pierna de su madre anciana, tras ser atropellada por unos jóvenes que circulaban en patinetas artesanales por la acera. Al acudir al policlínico local, un ortopedista descartó fracturas sin poder realizar radiografías por la inexistencia de equipos o insumos. El médico recomendó antibióticos, específicamente Cefalexina, y curas diarias, pero no emitió receta porque no había papel, ni existían materiales para las curas, ni medicamentos en la farmacia adyacente.

De regreso a casa, Mario intentó limpiar la herida con agua hervida y jabón amarillo, ante la imposibilidad de retirar la piel muerta por falta de conocimientos y material estéril. Al día siguiente, la lesión mostró signos evidentes de infección. En medio de la angustia y sin acceso a antibióticos, un anciano del barrio le sugirió usar «luzbrillante» —un líquido inflamable usado normalmente para encender carbón— para desinfectar la herida, una práctica de campo de otros tiempos que demuestra el alarmante retroceso sanitario en la isla.

Ante el riesgo inminente de una sepsis, Mario contactó a una familiar en el extranjero para que comprara el antibiótico a través de la plataforma en línea SuperMarket23. El proceso exigía una foto de la receta médica, desatando una nueva odisea burocrática. Mario recorrió varios consultorios y regresó al policlínico sin éxito, hasta que una doctora del Policlínico 30 de Noviembre accedió a emitir el documento en un trozo de papel disponible, sorteando la falta de recetarios oficiales.

El calvario no concluyó allí, ya que la tienda virtual advirtió que la entrega tardaría cinco días debido a los procesos de verificación de la receta antes de despachar el medicamento. Finalmente, la intervención de un vecino, quien donó algunas pastillas de un tratamiento previo, permitió cubrir el lapso crítico hasta la llegada del encargo desde el exterior. Otro vecino con experiencia en estos casos asumió la responsabilidad de realizar las curas, supliendo por completo la inacción y el desabastecimiento del sistema de salud estatal.

Contexto: El colapso estructural del sistema sanitario

Este viacrucis no es un hecho aislado, sino el síntoma más visible de una crisis estructural que abarca todos los ámbitos de la vida en Cuba. El sistema sanitario, otrora presentado como el gran logro de la revolución, sufre la misma descomposición que los servicios públicos de agua, energía y transporte. La inflación galopante y la depreciación salarial han minado la motivación del personal sanitario, generando una apatía laboral que se traduce en negligencia, falta de empatía y abandono hacia los pacientes en los centros de salud.

La dictadura cubana ha priorizado históricamente la exportación de servicios médicos como fuente principal de divisas, despojando al sistema interno de recursos, medicamentos y personal especializado. Mientras miles de médicos cumplen misiones en el extranjero para enriquecer las arcas del Estado, los hospitales y policlínicos de la isla carecen de lo más elemental, desde papel hasta antibióticos básicos. Esta política extractiva ha dejado a la ciudadanía en un estado de desamparo absoluto, donde la atención médica depende casi exclusivamente de la solidaridad comunitaria y de las remesas enviadas desde el exilio.

Antecedentes y responsabilidad del Estado

La escasez de medicamentos no es un fenómeno reciente, sino el resultado de décadas de ineficiencia económica y mala gestión por parte del ejecutivo cubano. Aunque el discurso oficial insiste en culpar al embargo, la falta de divisas se debe en gran medida a la incapacidad del modelo económico centralizado para generar riqueza y al incumplimiento sistemático de las deudas contraídas con empresas farmacéuticas internacionales. Esta falta de fiabilidad comercial ha congelado el flujo de insumos médicos hacia la isla, agravando una crisis que se ha profundizado de manera alarmante en los últimos años.

El futuro inmediato para la salud de los cubanos se presenta sombrío. Sin una reestructuración profunda de la economía y un cambio radical en las políticas de asignación de recursos, la población continuará dependiendo de remedios precarios, la automedicación y el mercado informal para preservar su vida. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben mantener el foco en esta crisis humanitaria silenciosa, que demuestra que en la Cuba actual, bajo el control absoluto del régimen, no se vive: apenas se sobrevive, si la suerte y la solidaridad lo permiten.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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