El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) enfrenta un déficit crítico de generación que mantiene a más del 54% del territorio cubano bajo apagones prolongados y simultáneos. La Unión Eléctrica (UNE) reconoce la paralización de ocho unidades termoeléctricas y la inoperatividad de plantas móviles por falta de diésel, profundizando una crisis energética que evidencia el deterioro estructural de la isla y la incapacidad del Estado para garantizar servicios básicos.
Según el reporte oficial, la afectación máxima registrada superó los 1.700 megawatts (MW) durante las horas de mayor demanda. Con una disponibilidad estimada de apenas 1.457 MW frente a una demanda de 3.130 MW, el régimen de La Habana se muestra incapaz de mantener la red en funcionamiento. La situación se ha extendido de manera excepcional incluso a la capital, que tradicionalmente gozaba de cierta protección frente a los cortes, afectando a millones de ciudadanos durante las 24 horas del día.
Las autoridades de la isla informaron que cinco unidades termoeléctricas se mantienen fuera de servicio por averías, incluyendo plantas clave en Mariel, Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo. A esto se suman tres unidades paradas por reparaciones y la inoperatividad de decenas de generadores distribuidos y patanas eléctricas debido a la escasez crónica de combustible, lubricantes y diésel. Los ciudadanos en redes sociales han criticado la ineficacia de las reparaciones estatales, señalando con ironía que equipos sometidos a mantenimiento por más de un año no logran mantenerse operativos ni 24 horas.
Un síntoma del colapso sistémico
Este nuevo desplome del sector energético no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de décadas de mala gestión, falta de inversión y envejecimiento de la infraestructura industrial por parte del gobierno cubano. La incapacidad para asegurar suministros estables de combustible se entrelaza con una economía asfixiada por la inflación, el desabastecimiento generalizado de alimentos y medicinas, y un éxodo migratorio sin precedentes. La población se ve obligada a sobrellevar las deficiencias de un sistema que no admite control democrático ni rendición de cuentas efectiva.
La persistencia de estos cortes eléctricos augura un agravamiento inmediato de las condiciones de vida para la ciudadanía, con impactos directos en el deterioro de alimentos, el acceso al agua potable y la prestación de servicios de salud. Ante la ausencia de soluciones estructurales por parte del ejecutivo cubano, la frustración social continúa acumulándose en un entorno donde la dictadura mantiene la represión y la censura como única respuesta a la indignación popular, profundizando el aislamiento y la crisis institucional del país.