Un análisis reciente revela que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han perdido más de la mitad de sus efectivos y operan con armamento soviético obsoleto, incluyendo piezas de artillería remolcadas por bueyes. El régimen de La Habana utiliza esta imaginería para proyectar un mensaje de «resistencia» ante la comunidad internacional, enmascarando el profundo colapso operativo de una institución que hoy es solo una sombra de lo que fue durante la Guerra Fría.
En los últimos meses, las autoridades de la isla han difundido cientos de videos e imágenes a través de sus plataformas oficiales con el aparente objetivo de demostrar preparación militar frente a las tensiones diplomáticas y militares con Estados Unidos. Sin embargo, un escrutinio detallado de estos materiales, publicado por CNN Español, expone una fuerza de combate reducida, envejecida y con capacidades operativas severamente limitadas por la falta de recursos.
El reporte señala que las grabaciones muestran un arsenal anacrónico. Desde camiones militares de hace décadas hasta sistemas antiaéreos rusos, la imaginería castrense incluye ejercicios de tropas especiales y entrenamientos de guerrilla. Uno de los hallazgos más simbólicos del declive institucional es la imagen de un sistema antiaéreo soviético ZU-23 siendo remolcado por bueyes durante un ejercicio militar. Para el experto en política cubana Frank Mora, citado en el análisis, estos materiales no pretenden demostrar superioridad bélica, sino enviar un mensaje político de resistencia nacional.
«Los videos muestran deliberadamente hardware envejecido porque están diseñados para proyectar desafío, no fuerza», explicó Mora. Según esta visión, el ejecutivo cubano busca apelar a un sentimiento de resistencia del pueblo, intentando compensar mediante la retórica la abismal diferencia tecnológica y de escala frente a las Fuerzas Armadas estadounidenses. Esta narrativa no es nueva; mantiene viva la doctrina utilizada por Fidel Castro en los últimos años de su mandato, cuando la isla perdió el respaldo financiero y militar de la Unión Soviética.

Constatan preparación combativa en ejercicios de la Región Militar Cienfuegos
De potencia regional a fuerza de guerrilla
El deterioro estructural de las FAR es paralelo a la crisis económica del país. En su apogeo, a principios de la década de 1990, las fuerzas armadas cubanas contaban con más de 235.000 efectivos en servicio activo, respaldados por un vasto contingente de reservistas y armamento soviético de última generación. Hoy, los expertos consultados por CNN coinciden en que esa cifra se ha desplomado a un máximo de unos 50.000 efectivos en servicio activo, una reducción que supera el 50% y que refleja la imposibilidad del Estado para sostener un ejército convencional.
«En los últimos 35 años, no hay duda de que estas fuerzas armadas de primer mundo se han convertido, en el mejor de los casos, en una sombra de lo que fueron antes», afirmó Mora. Ante la imposibilidad de acceder a subsidios, equipos actualizados y repuestos, los planificadores militares cubanos han adoptado lo que el coronel retirado de la Infantería de Marina de Estados Unidos, Mark Cancian, describe como una «estrategia de erizo», diseñada para hacer al territorio más difícil de conquistar mediante tácticas de desgaste.
Esta doctrina ha provocado un giro hacia la guerra no convencional. Los videos analizados muestran soldados maniobrando motocicletas con lanzagranadas, ametralladoras PK de madera y fusiles AK, además de prácticas de infiltración en trincheras y transportes blindados emergiendo de zonas boscosas. Incluso se observan ejercicios anfibios. Sin embargo, algunas escenas carecen de sentido operativo desde una perspectiva militar profesional, como fuerzas especiales descendiendo en tirolesa a escasos cientos de metros de tráfico civil en Playa Baracoa, o soldados disparando indiscriminadamente, lo que refuerza la tesis de un montaje propagandístico más que de un entrenamiento táctico riguroso.
La Fuerza Aérea es quizás el componente más debilitado de la estructura defensiva. Los activos aéreos rara vez aparecen en comunicados oficiales, salvo helicópteros Mi-17 de diseño soviético utilizados en misiones de bajo riesgo o ayuda humanitaria. Los expertos señalan que la flota de cazas MiG, símbolo del poderío aéreo cubano durante la Guerra Fría, probablemente esté inoperativa en su mayoría, no solo por la obsolescencia técnica, sino por la aguda escasez de combustible que paraliza al país.
El contexto de la crisis estructural y la represión interna
La decadencia de las FAR no puede desvincularse del colapso sistémico que atraviesa la isla. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico de combustible y alimentos, y el colapso de los servicios públicos básicos como el sistema eléctrico y la salud, son el mismo caldo de cultivo que ha dejado sin recursos a la institución militar. Mientras el armamento exterior se oxida, el régimen de La Habana ha priorizado el mantenimiento de su aparato represivo interno frente a cualquier amenaza externa.
Aunque el gobierno cubano sostiene que no tiene intención de amenazar a Estados Unidos, ni en la Base Naval de Guantánamo ni en otro punto, y asegura que solo responderá si es atacado —como declaró el gobernante Miguel Díaz-Canel a Newsweek—, la realidad es que el aparato de seguridad del Estado ha orientado sus capacidades hacia el control de la población civil. La dictadura cubana ha demostrado que su principal preocupación no es la defensa territorial, sino la contención del descontento social y la represión de la disidencia política.
Un ejemplo de los intentos desesperados por modernizar sus capacidades de vigilancia fue el informe de Axios que el mes pasado señalaba la adquisición de más de 300 drones militares por parte de La Habana. Aunque las autoridades cubanas negaron rotundamente la información y no han trascendido imágenes de estos supuestos equipos, analistas sospechan que cualquier tecnología de este tipo sería destinada al monitoreo de la población y la represión, antes que a la defensa del espacio aéreo nacional. Hasta ahora, solo se han visto videos de fuerzas de seguridad entrenando con drones de consumo civil.
Implicaciones futuras y la paradoja del poder militar
La transformación de las FAR de un ejército convencional a una fuerza de guerrilla con equipo obsoleto plantea serias interrogantes sobre la estabilidad futura del régimen. Por un lado, la debilidad externa hace que una confrontación militar real con potencias extranjeras sea impensable; por otro, el enfoque en tácticas de guerrilla y resistencia prolongada sugiere que la cúpula militar está preparada para escenarios de conflictividad interna prolongada.
Para la ciudadanía, este deterioro institucional no representa un alivio. El armamento que ya no sirve para defender fronteras sigue siendo más que suficiente para amedrentar a una población desarmada y empobrecida. Mientras la dirigencia militar y civil agrupada en la corporación GAESA mantiene el control monopólico sobre los sectores más rentables de la economía, el soldado raso y el pueblo cubano comparten la misma miseria material.
La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos deben observar con preocupación esta paradoja. Un ejército empobrecido y mal equipado no significa un régimen menos peligroso para su propio pueblo; al contrario, la falta de recursos para la guerra convencional suele traducirse en una mayor dependencia de la represión asimétrica, la coacción política y el terrorismo de Estado para mantener el status quo. Las imágenes de bueyes remolcando artillería no son solo un símbolo del pasado militar de Cuba, sino el reflejo de un sistema que ha arruinado todas sus instituciones para perpetuarse en el poder.


