Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Más de un tercio de Cuba permanecerá sin servicio eléctrico ante un déficit récord de 1.370 megavatios

Más de un tercio de Cuba permanecerá sin servicio eléctrico ante un déficit récord de 1.370 megavatios

La Unión Eléctrica (UNE) confirmó que más del 30% del territorio nacional sufrirá este fin de semana cortes generalizados de energía, profundizando una crisis que ya mantiene a amplias zonas del interior del país en la oscuridad por más de 20 horas diarias. El colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) refleja el deterioro estructural de la infraestructura estatal y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos a la población, sumiendo a la isla en un escenario de supervivencia inmediata.

El informe técnico emitido por la UNE detalla que el déficit previsto para el horario pico ascenderá a 1.370 megavatios (MW). Esta brecha se calcula ante una disponibilidad máxima de 2.300 MW frente a una demanda estimada de 3.600 MW. La escasez de generación obliga a las autoridades de la isla a aplicar cortes programados que, en la práctica, se traducen en apagones interminables para la ciudadanía. La población se ve forzada a reorganizar completamente sus rutinas frente a la inoperancia del Estado para resolver la contingencia energética, evidenciando la fragilidad de un sistema altamente centralizado.

Averías y falta de mantenimiento paralizan el sistema energético

El núcleo del problema radica en el estado calamitoso de la infraestructura termoeléctrica de la isla. Actualmente, seis unidades de generación se encuentran fuera de servicio debido a averías o mantenimientos prolongados que se extienden más de lo planificado. Las roturas más críticas se registran en la Unidad 2 de la CTE Felton y la Unidad 3 de la CTE Renté. A esto se suman las reparaciones en la Unidad 8 de la CTE Mariel, la Unidad 2 de la CTE Santa Cruz, la Unidad 4 de la CTE Cienfuegos y la Unidad 5 de la CTE Renté, evidenciando un parque generador obsoleto que colapsa por la falta de inversión sostenida y una planificación deficiente por parte del ejecutivo cubano.

Al deterioro de las plantas termoeléctricas se suma la aguda escasez de combustible, un problema crónico que el gobierno cubano ha sido incapaz de resolver pese a sus alianzas internacionales y los constantes viajes diplomáticos en busca de apoyo. La falta de abastecimiento afecta a 79 centrales de generación distribuida, representando una pérdida de 586 MW en el sistema. Adicionalmente, las patanas de Regla y Melones están inoperativas, sumando 100 MW más fuera de la red. Este combo de desinversión tecnológica y falta de recursos importados demuestra la inviabilidad del modelo energético impuesto, dependiente de subsidios externos y del monopolio estatal sobre la gestión de recursos.

Consecuencias humanitarias y deterioro de la calidad de vida

El impacto de estos cortes es devastador para la vida cotidiana, especialmente en las provincias orientales y centrales. En zonas del interior del país, los apagones pueden superar las 20 horas diarias, una situación que se vuelve insostenible con las altas temperaturas de la temporada estival. Esta realidad obliga a miles de familias a retroceder décadas en sus estándares de vida, teniendo que cocinar con leña al no disponer de gas o electricidad, improvisar sistemas de refrigeración rudimentarios y suspender labores productivas o académicas. La inoperancia del SEN no es solo un problema técnico, sino un atentado directo contra la dignidad y el bienestar de la población cubana.

Los sectores más vulnerables de la sociedad cubana son los principales perjudicados por esta negligencia estatal. Personas mayores, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas que dependen de equipos médicos electrónicos o de condiciones climáticas estables enfrentan riesgos directos a su salud y supervivencia. Además, la falta de electricidad agrava la inseguridad alimentaria al impedir la conservación de alimentos perecederos, y limita severamente el acceso al agua potable y a servicios sanitarios básicos, ya que la mayoría de los sistemas de bombeo dependen de la red eléctrica. La crisis energética se entrelaza así con el colapso del sistema de salud y la escasez de alimentos.

Contexto: El colapso energético como síntoma de la crisis estructural

La crisis energética no es un evento aislado o el resultado de contingencias climáticas, sino la manifestación más visible del colapso estructural que atraviesa Cuba. Desde 2021, los apagones masivos se han recrudecido tras el colapso de varias unidades generadoras clave, marcando un punto de inflexión en el deterioro de la infraestructura nacional. La falta crónica de divisas, derivada de la ineficiencia del modelo económico centralizado y la caída del turismo y la producción azucarera, impide la compra de combustible y los repuestos necesarios para mantener el SEN. La dependencia absoluta de un sistema estatal obsoleto, sin posibilidad de inversión privada o gestión descentralizada, ha llevado a la red eléctrica al borde del colapso total.

Este escenario se entrelaza con el resto de las crisis que azotan a la nación caribeña. La hiperinflación que erosiona los salarios, el desabastecimiento crónico de productos de primera necesidad en las tiendas y el colapso de los servicios de salud conforman un panorama de supervivencia diaria para los cubanos. La falta de electricidad dinamiza aún más el éxodo migratorio sin precedentes que vive la isla, ya que la imposibilidad de sostener un nivel de vida mínimo empuja a miles de jóvenes y profesionales a abandonar el país. La frustración ciudadana crece en un entorno donde el Estado monopoliza todos los recursos pero es incapaz de ofrecer las soluciones más básicas.

Antecedentes de un sistema en decadencia

El historial de apagones en lo que va del año ilustra la gravedad y la velocidad del deterioro. Hasta la fecha, se han registrado al menos cuatro apagones nacionales que han dejado a Cuba completamente a oscuras durante varias horas, evidenciando la falta de redundancia y respaldo en el sistema. A finales del pasado mes, más de la mitad del territorio nacional quedó sin servicio debido a un déficit de 1.907 MW, marcando la mayor afectación registrada en medio de esta crisis energética, sin incluir los colapsos simultáneos de todo el SEN que han ocurrido en ocasiones anteriores. Estas cifras demuestran una tendencia decreciente en la capacidad generativa del país.

Frente a este escenario crítico, la dictadura cubana ha optado por la censura y la desinformación como principales herramientas de contención social. El régimen impide el acceso libre a los datos técnicos reales sobre el estado de las plantas y bloquea sistemáticamente la labor de los medios independientes que intentan reportar la magnitud de la crisis o las protestas ciudadanas derivadas de los cortes de luz. La represión policial contra quienes se manifiestan exigiendo el restablecimiento del servicio eléctrico o mejoras en las condiciones de vida es una constante, demostrando una vez más que la prioridad del poder es el control político absoluto por encima del bienestar de la población.

Implicaciones futuras y riesgo de estallido social

La continuidad de estos apagones generalizados augura un verano extremadamente difícil para la población cubana, con temperaturas altas que exacerbarán las condiciones de insalubridad y el malestar social. La incapacidad del ejecutivo cubano para presentar un plan viable y a corto plazo de recuperación del SEN, sumada a la represión de cualquier forma de queja ciudadana, aumenta el riesgo de estallidos sociales similares a los ocurridos en julio de 2021. Mientras tanto, la comunidad internacional y los organismos de derechos humanos observan con preocupación cómo la falta de libertades en Cuba se traduce directamente en un deterioro acelerado de las condiciones de vida, dejando a millones de personas a merced de la ineficiencia y la intolerancia del régimen.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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