El periodista alineado con el régimen de La Habana, Oliver Zamora Oria, defendió abiertamente en la televisión nacional la necesidad de que Teherán ejecute una retaliación militar tras los recientes bombardeos estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes. Las declaraciones se producen en medio de una peligrosa escalada bélica en el Medio Oriente que amenaza con arrastrar a potencias mundiales y desestabilizar los mercados energéticos, una postura que refleja la tradicional alineación de la dictadura cubana con ejes autoritarios en desmedro de la paz global.
Durante un segmento de análisis internacional transmitido este domingo, Zamora Oria argumentó con un tono desafiante que la República Islámica de Irán no tiene otra opción más que la respuesta armada frente a los ataques de Estados Unidos. «Irán tiene que responder, no tiene otra opción. Mostrar debilidad podría significar su fin en un contexto donde la fuerza es lo que importa», señaló el comunicador oficial, legitimando de este modo una potencial conflagración de alcance incalculable.
El comentario del analista se produjo tras el ataque estadounidense contra tres sitios nucleares iraníes —Fordow, Natanz e Isfahán—, donde el ejército de EE. UU. empleó misiles y bombas antibúnker de 30.000 libras. Aunque el gobierno de Washington calificó el ataque como una acción única para detener el programa nuclear de Teherán, el exmandatario Donald Trump avivó la controversia al sugerir en su red social Truth Social la posibilidad de un cambio de régimen en el país persa, cuestionando si el actual liderazgo era incapaz de «hacer a Irán grande de nuevo».
Ante este escenario, Zamora Oria desestimó la doctrina de política exterior de Trump, tachándola de «simplista» y basada en una estrategia de «paz a través de la fuerza» que, a su juicio, «nunca ha producido resultados duraderos». Asimismo, cuestionó la versión oficial de Washington sobre la eficacia del bombardeo, alegando que las instalaciones ya habían sido evacuadas y que el equipo nuclear clave no sufrió daños muy significativos, restándole importancia a la gravedad del ataque militar.
La apología de la guerra y el riesgo de un colapso energético
En su intervención, el periodista oficialista respaldó las capacidades militares de Irán y sugirió medidas de impacto global devastador. Hizo especial énfasis en la propuesta del parlamento persa de cerrar el Estrecho de Ormuz, arteria vital por la que fluye más de una quinta parte del suministro de petróleo marítimo del mundo. «¿Qué significaría su cierre? Un desastre. Los precios del petróleo se dispararían con consecuencias terribles para todos», advirtió Zamora Oria, sin profundizar en cómo ese desastre afectaría directamente a la ya fracturada economía cubana.
El comunicador también destacó el potencial de los aliados de Teherán en la región, mencionando a los rebeldes hutíes en Yemen, a Hezbolá en el Líbano y a «países vecinos que sí tienen armas nucleares y han tomado una postura firme junto a Teherán». Para sustentar su argumento, acudió a una interpretación ideológica de la cultura iraní, justificando el sacrificio militar en nombre de la fe: «La vida comienza después de la muerte, y el paso por este mundo es una prueba en la que perder la vida por la fe es una recompensa para un futuro mejor», declaró, defendiendo así una escalada armada bajo principios religiosos.
Las declaraciones proguerra en la televisión cubana coincidieron con el inicio de las acciones retaliatorias de Irán. Según la agencia AP, Teherán lanzó misiles contra la base aérea estadounidense de Al Udeid en Catar, un ataque que la televisión estatal iraní calificó como «una respuesta poderosa y exitosa» a la agresión estadounidense. Posteriormente, Irán intensificó su ofensiva bajo el marco de la «Operación Promesa Verdadera 3», atacando las ciudades israelíes de Haifa y Tel Aviv, y provocando explosiones en Jerusalén.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, defendió la postura de su gobierno en la red social X: «No empezamos la guerra ni la buscamos, pero no dejaremos sin respuesta una invasión al Gran Irán». Esta escalada se da en un contexto de creciente confrontación que también incluye a Israel, el cual amplió su ofensiva contra Teherán bombardeando objetivos gubernamentales y la prisión de Evin, conocida por albergar a disidentes políticos. Según el grupo con sede en Washington Human Rights Activists, los ataques israelíes en Irán han dejado al menos 950 muertos y más de 3.400 heridos, mientras que Israel reporta 24 muertos y más de 1.000 heridos en su propio territorio.
El contexto cubano: alineación geopolítica frente al colapso interno
La postura beligerante asumida por los medios de comunicación estatales no es un hecho aislado, sino que responde a la línea dictada por el régimen de La Habana. Históricamente, la dictadura cubana ha buscado alianzas con potencias y actores antioccidentales para sostener su retórica antiimperialista y compensar su aislamiento diplomático. Desde los lazos con la extinta Unión Soviética hasta la actual dependencia de Venezuela, Rusia, China e Irán, el gobierno cubano ha instrumentalizado la geopolítica mundial para mantener su control interno sin rendir cuentas democráticas.
Sin embargo, la apología de un conflicto que podría cerrar el Estrecho de Ormuz y disparar los precios del crudo resulta paradójica y suicida para la realidad nacional. Cuba atraviesa una crisis energética y económica sin precedentes, caracterizada por apagones prolongados, inflación galopante, desabastecimiento crónico y una total incapacidad del Estado para garantizar los servicios básicos. Un shock en los mercados petroleros internacionales ahondaría la falta de combustible en la isla, dependiente de importaciones subsidiadas, y agravaría el colapso del transporte, la agricultura y la generación eléctrica, castigando directamente a la ciudadanía.
Mientras las autoridades de la isla celebran la resistencia armada de sus aliados a miles de kilómetros de distancia, la población cubana sufre la represión política y la persecución a quienes se atreven a protestar por las condiciones de vida. El régimen de La Habana utiliza la confrontación internacional como cortina de humo para justificar el endurecimiento de su política interior. La censura, las detenciones arbitrarias y el acoso a la prensa independiente continúan siendo la respuesta del poder frente al descontento social, que ha empujado a más de un millón de cubanos al exodo migratorio en los últimos años.
Implicaciones a futuro y aislamiento internacional
El respaldo mediático a una escalada bélica en el Medio Oriente evidencia la desconexión total entre el discurso oficial y las necesidades reales del pueblo cubano. Al posicionarse del lado de un conflicto que amenaza la estabilidad global, el ejecutivo cubano arriesga el poco margen de maniobra diplomático que le queda en foros internacionales, alienando a naciones democráticas que podrían ser clave en eventuales negociaciones de alivio económico o cooperación.
De materializarse un conflicto regional ampliado que involucre a Estados Unidos, Israel e Irán, las consecuencias para Cuba serían inmediatas y severas. El encarecimiento de los alimentos y el combustible en el mercado internacional profundizaría la inflación que ya destruye el poder adquisitivo del salario cubano, mientras que la inestabilidad global podría frenar aún más el flujo de remesas y el incipiente turismo, pilares de la frágil economía doméstica.
En última instancia, la arenga a la guerra desde la pantalla nacional refleja la irresponsabilidad de un sistema que prioriza la supervivencia ideológica de la cúpula gobernante sobre el bienestar de sus ciudadanos. Ante un panorama donde la diplomacia y la distensión son vitales para la paz mundial, el régimen cubano opta nuevamente por el radicalismo, dejando claro que, en medio de su propio colapso sistémico, prefiere ser un actor disruptivo en el tablero internacional antes que abordar las reformas urgentes que la isla exige para salir de la profunda crisis estructural que sufre desde hace décadas.



