Jueves, 23 de julio de 2026
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México declara al danzón patrimonio cultural y el régimen cubano guarda silencio ante la pérdida de un símbolo nacional

La inminente declaratoria del danzón como patrimonio cultural inmaterial de Ciudad México ha reavivado el debate sobre el origen de este género nacido en Matanzas en 1879. Ante esta situación, las autoridades de la isla mantienen un silencio que contrasta con la férrea defensa que en otras épocas hicieron de la música cubana, levantando sospechas sobre concesiones diplomáticas del gobierno cubano a cambio de apoyo político y energético.

El danzón, fruto del sincretismo entre los elementos africanos y las contradanzas europeas que llegaron a la isla tras la toma de La Habana por los ingleses en 1762 y la migración francesa desde Haití, vio la luz por primera vez en el Liceo de Matanzas. Allí, en 1879, el músico Miguel Faílde estrenó \»Las alturas de Simpson\». A pesar de que el género alcanzó su máxima popularidad a principios del siglo XX antes de ser desplazado por el son en la década de 1920, su raíz y creadores son indiscutiblemente cubanos, al igual que el bolero, creado por Pepe Sánchez en Santiago de Cuba en 1868.

Es innegable que, mientras en Cuba el danzón fue relegado a ser considerado un baile de épocas pasadas, en regiones mexicanas como Veracruz y Yucatán mantuvo su vigencia. Sin embargo, su preservación al otro lado del Caribe no otorga la titularidad de un género cuyos máximos exponentes —como Barbarito Diez, Paulina Álvarez, Cheo Belén Puig, Arcaño y la Orquesta Aragón— son patrimonio de la historia musical cubana. La omisión de La Habana en la reivindicación de este legado evidencia un abandono institucional hacia el acervo nacional.

Subordinación cultural y silencio diplomático

La pasividad del ejecutivo cubano ante esta declaratoria contrasta radicalmente con la reacción oficial de finales de la década de 1970, cuando el Estado protestó enérgicamente por la comercialización del son bajo el nombre de salsa en Nueva York, Puerto Rico y Colombia. Hoy, los comisarios culturales del régimen de La Habana guardan una impasibilidad que apunta directamente a la crisis estructural y la dependencia extrema que atraviesa la isla. Ante la escasez de combustible y el aislamiento, el gobierno cubano parece priorizar la supervivencia política por encima de la defensa de su soberanía cultural.

Esta concesión silenciosa sugiere un intercambio de favores con la administración mexicana, liderada por Claudia Sheinbaum, quien ha mantenido una postura de respaldo a la dictadura cubana, incluyendo el suministro de hidrocarburos de PEMEX. Mientras el régimen cede símbolos identitarios a cambio de apoyo diplomático y energético, la ciudadanía asiste impotente al desmantelamiento de su patrimonio. El caso del danzón no es solo una disputa musicológica, sino un reflejo de cómo la falta de libertades y la profunda crisis económica obligan al poder en Cuba a renunciar a los elementos que históricamente definieron la identidad de la nación.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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