La Habana.- El fallecimiento de Ricardo Cabrisas Ruiz, histórico negociador del régimen de La Habana, expone la fragilidad de la cúpula cubana ante la pérdida de sus figuras técnicas clave en la gestión de la deuda externa y la inversión extranjera. Su muerte, ocurrida tras una larga enfermedad, coincide con la incertidumbre sobre el reemplazo de otros operadores financieros vitales para el gobierno cubano, en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas.
Cabrisas Ruiz, quien fuera ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera hasta mayo de 2024, mantuvo funciones estratégicas para las autoridades de la isla hasta sus últimos días, a pesar de padecer cáncer. Su labor no se limitaba a la burocracia institucional, sino que era fundamental para sostener la maquinaria financiera del Estado, lidiando con acreedores internacionales y tratando de atraer inversores a un mercado asfixiado por el control estatal. Ante su deterioro de salud, el ejecutivo cubano aceleró la transición hacia su viceministro, Oscar Pérez-Oliva Fraga, a quien Cabrisas instruía personalmente en las complejas lides de la negociación internacional.
La designación de Pérez-Oliva Fraga responde más a una coyuntura forzosa que a una planificación ordenada. Originalmente, el rol de negociador principal estaba destinado a Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl Castro y exzar del conglomerado empresarial militar GAESA. Sin embargo, su repentina muerte en julio de 2022 truncó los planes sucesorios de la dictadura cubana. López-Calleja estaba siendo adiestrado para manejar las intrincadas redes de empresas offshore y cuentas bancarias que sostienen la economía paralela de las Fuerzas Armadas, un escenario que requiere una astucia alejada del simple \»ordeno y mando\» castrense.
El envejecimiento de los operadores financieros y el colapso sistémico
Las muertes de Cabrisas y López-Calleja asestan golpes significativos a la red empresarial militar y opaca que administra los recursos del país. A esta crisis de relevos se suma el caso de Rodolfo Dávalos, el abogado que durante más de cuatro décadas ha operado como el principal asesor legal del régimen de La Habana. Con más de 80 años y problemas de salud, Dávalos fue pieza clave en el establecimiento de la cadena Meliá en la isla y en la creación de Ceiba Investiment Limited, un fondo de inversiones en Guernsey que articula los intereses de empresas europeas en Cuba. Su posible ausencia deja otro frente abierto para un sistema que no logra renovar a sus cuadros de confianza.
Actualmente, la hija de Dávalos, Lourdes Dávalos, asiste desde Madrid en labores de intermediación legal, aunque su rol parece provisional frente al recelo interno del gobierno cubano por delegar funciones tan sensibles fuera del estrecho círculo de poder. La pérdida simultánea de estos operadores históricos ocurre en un momento de colapso sistémico, marcado por una inflación galopante, un éxodo migratorio sin precedentes y el fracaso de la política de atracción de capital foráneo. Sin los arquitectos de sus viejas negociaciones, las autoridades de la isla enfrentan el futuro inmediato con una escasez de talento técnico y una profunda crisis de legitimidad que amenaza la supervivencia del modelo.