La Empresa de Ómnibus Nacionales reanudó este sábado sus operaciones en Cuba tras el paso del huracán Melissa, priorizando el traslado de pasajeros con reservaciones vigentes. El anuncio, emitido por las autoridades de la isla, contrasta con la crítica situación que atraviesa el oriente del país, donde el régimen de La Habana ha reconocido daños severos en más de 76.000 viviendas y el colapso de la infraestructura eléctrica y agrícola.
El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, informó a través de redes sociales que el servicio de autobuses se restableció bajo un esquema de prioridades. Los pasajeros con boletos para la fecha original de su viaje tendrán prelación de embarque, seguidos por aquellos cuyos traslados fueron suspendidos durante el meteoro, sujetos a la disponibilidad de capacidades en cada unidad. El funcionario advirtió que en varios viales se mantendrán medidas adicionales de seguridad debido a que permanecen bajo alerta de circulación con precaución.
En cuanto al servicio ferroviario, la Unión de Ferrocarriles de Cuba mantuvo la cancelación de varias rutas nacionales de pasajeros. El ejecutivo cubano aseguró que se trabaja en la reparación de las vías afectadas en las provincias de Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, aunque no precisó fechas exactas para la total recuperación del servicio. Los usuarios con reservaciones que decidan no viajar podrán solicitar el reembolso del 100% del pasaje hasta 15 días después del restablecimiento de las rutas.
Impacto del huracán y crisis estructural
La reanudación del transporte llega en medio de una emergencia humanitaria agudizada por el paso de Melissa por el oriente de la isla. El régimen de La Habana presentó cifras preliminares de la devastación durante una sesión del Consejo de Defensa Nacional, reconociendo al menos 76.789 hogares damnificados. De estos, más de 4.700 viviendas colapsaron por completo y otras 12.000 perdieron totalmente sus techos. Esta catástrofe golpea de forma directa a un fondo habitacional que ya se encontraba en estado de deterioro avanzado tras décadas de abandono gubernamental y falta de mantenimiento.
El impacto se extiende a la seguridad alimentaria y al ya deficiente sistema electroenergético nacional. El huracán arrasó cientos de miles de hectáreas de cultivos, incluyendo alimentos básicos y plantaciones de café en plena temporada de cosecha, lo que compromete el abastecimiento en una población que sufre un desabastecimiento crónico. Además, los reportes oficiales confirman el derribo de más de mil postes eléctricos y la avería de 279 transformadores, dejando a comunidades enteras aisladas y sin servicio durante días.
La lentitud y parcialidad en la entrega de informaciones por parte de la dictadura cubana contrasta con la realidad observable en las provincias afectadas, donde la devastación revela la vulnerabilidad de un país cuyas infraestructuras no resisten eventos meteorológicos debido a la falta de inversión y planificación estatal. La recuperación del oriente se perfila como un desafío a largo plazo que profundizará la crisis económica, el desplazamiento interno y el éxodo migratorio, mientras la ciudadanía enfrenta la incertidumbre de una reconstrucción sin recursos suficientes.