Las autoridades peruanas han identificado al ciudadano cubano Layro Isaac García, de 27 años, como el presunto autor material del asesinato del diplomático indonesio Zetro Leonardo Purba. El crimen, ocurrido en Lima el 1 de septiembre de 2025, evidencia la inserción de migrantes cubanos en redes de sicariato internacional, un fenómeno que cobra fuerza en medio de la crisis migratoria impulsada por el régimen de La Habana.
Según documentos de la División de Homicidios de la Dirincri, a los que tuvo acceso el diario El Comercio, García habría disparado contra la víctima cuando esta llegaba en bicicleta a su residencia en el distrito limeño de Lince. La identificación del presunto atacante se logró mediante el análisis de cámaras de seguridad y peritajes antropológicos que establecieron coincidencias físicas y de movimiento con el autor del ataque. El joven fue detenido diez días después del suceso en un hotel del distrito de San Martín de Porres, donde se encontraba bajo un permiso temporal de permanencia en el país.
La investigación reveló que el cubano integraba una estructura criminal dedicada al sicariato conocida como \»Los Maleantes del Cono\». En esta banda operaba junto a ciudadanos venezolanos con funciones específicas. Wuilson Soto López, alias \»Primo\», condujo la motocicleta utilizada para la fuga, mientras que Kerbis Rojas Madriz y Luis Torres Rojas se encargaron del seguimiento y vigilancia previos al ataque. Torres Rojas, dueño del vehículo, proporcionó durante los interrogatorios los nombres del presunto tirador cubano y de Jhayker Echenagucia Quijada, alias \»Malaco\», quien presuntamente custodiaba el arma homicida.
Un crimen por encargo vinculado a disputas económicas
Las pruebas recopiladas incluyen intercambios de mensajes en los que los implicados coordinaban un encuentro con un ciudadano peruano, alias \»Chato\», señalado como el presunto autor intelectual del crimen, con el objetivo de reclamar el pago por la ejecución. La principal hipótesis policial apunta a que el homicidio fue un crimen por encargo motivado por conflictos económicos relacionados con actividades en las que el diplomático indonesio tenía acceso o participación.
El caso trasciende la esfera delictiva local para convertirse en un reflejo de las consecuencias del colapso estructural de la isla. El desespero económico, la hiperinflación y la falta de oportunidades impuestas por el gobierno cubano han detonado un éxodo masivo sin precedentes. En este contexto de vulnerabilidad migratoria, algunos nacionales han terminado siendo cooptados por organizaciones criminales transnacionales en países de tránsito y destino, exponiendo el lado más crudo de la diáspora forzada por la dictadura cubana.
El asesinato de Purba generó una reacción inmediata del Gobierno de Indonesia y motivó el refuerzo de la seguridad en las sedes diplomáticas en Lima. Mientras las autoridades peruanas continúan esclareciendo la cadena completa de responsabilidades, el régimen de La Habana mantiene su silencio ante la creciente implicación de sus ciudadanos en crímenes internacionales. Este suceso subraya la urgencia de una respuesta regional coordinada frente a la crisis migratoria y la expansión del crimen organizado que se alimenta de la precariedad generada por el modelo político cubano.