Las hijas del coronel del Ministerio del Interior (MININT) Humberto Alfonso Roca Sánchez, el militar cubano de mayor rango abatido en Venezuela, residen actualmente en Estados Unidos. Este hallazgo destapa la hipocresía de la narrativa oficial de La Habana, que intenta presentar a los caídos como mártires ideológicos, mientras los familiares de la cúpula militar buscan refugio y mejores condiciones de vida fuera del sistema que defienden.
Investigaciones periodísticas y de organismos de derechos humanos confirmaron que la hija menor del coronel reside en Nueva Jersey desde 2014, mientras que la otra arribó a territorio estadounidense en diciembre de 2022, solicitó asilo en la frontera y hoy es residente permanente. Ambas han viajado a Cuba tras establecerse en EE.UU. Roca Sánchez, lejos de ser un combatiente de trinchera, era un hombre de la máxima confianza de la cúpula castrista. Durante dos décadas estuvo adscrito a la guarnición de Punto Cero, la residencia del fallecido Fidel Castro, y llegó a escoltar a figuras extranjeras de alto nivel, como el exsecretario de Estado John Kerry y el Papa Francisco.
El caso del coronel, abatido el pasado 3 de enero, es solo la punta del iceberg de una situación mucho más precaria. Fuentes familiares consultadas por el equipo de Martí Noticias describieron condiciones laborales indignas, ausencia de relevos y un trato hacia los efectivos y sus familias como \»simple utilería\». Según estos testimonios, muchos de los cubanos enviados a la misión venezolana no lo hicieron por convicción ideológica, sino para escapar del hambre y la profunda crisis económica que asola la isla, buscando ingresos para sostener a sus familias en medio del desabastecimiento crónico.
Manipulación oficial y falsos héroes
La dictadura cubana ha intentado maquillar estas muertes presentando a los fallecidos como \»héroes\» que murieron combatiendo por la patria. Sin embargo, los relatos de los familiares desmienten rotundamente esta versión. Un caso emblemático es el de Luis Alberto Hidalgo Canals, incluido en la lista oficial de soldados abatidos. Un familiar suyo confirmó que Hidalgo era chofer civil, nunca perteneció a las filas militares y que su imagen fue manipulada en los medios estatales para vestirlo con un uniforme que jamás utilizó en su vida.
La divulgación de los nombres de los cubanos caídos en Venezuela no respondió a la voluntad del gobierno cubano, sino a la inmensa presión pública ante el silencio informativo inicial. Este episodio refleja la profunda fractura del aparato estatal y la descomposición social en la isla. Mientras las autoridades de La Habana envían a sus ciudadanos a conflictos internacionales en condiciones de extrema precariedad para sostener alianzas geopolíticas, la élite militar y sus familiares aprovechan las rutas migratorias para asentarse en el exterior. Esta realidad evidencia el agotamiento del modelo impuesto y plantea serias interrogantes sobre el futuro de la estabilidad interna del régimen y la respuesta de la comunidad internacional ante estas prácticas.