El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para defender la operación militar ordenada por Donald Trump que resultó en el derrocamimiento y arresto de Nicolás Maduro. La audiencia expuso profundas divisiones partidistas sobre los costos y resultados de la intervención, un acontecimiento que redefine la geopolítica del hemisferio y asesta un golpe estratégico a la dictadura cubana, privada de su principal sostén económico.
En su intervención, Rubio justificó la acción militar del 3 de enero como una medida indispensable para neutralizar una \»gran amenaza a la seguridad nacional\» en el hemisferio occidental. El jefe de la diplomacia estadounidense aseguró que la nación norteamericana se encuentra \»más segura\» y detalló que la administración trabaja en conjunto con las autoridades interinas de Venezuela para estabilizar el país. El secretario de Estado proyectó un panorama de mejora gradual, argumentando que la situación en la nación suramericana es sustancialmente mejor sin Maduro en el poder, aunque reconoció que la transición requerirá tiempo.
Uno de los aspectos más destacados de su comparecencia fue el anuncio sobre el manejo de los recursos energéticos. Rubio explicó que a Venezuela se le permitirá comercializar el petróleo actualmente bajo sanciones, pero los ingresos no irán a parar a manos de la antigua cúpula chavista. El dinero será depositado en una cuenta supervisada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que liberará los fondos previa aprobación de presupuestos mensuales destinados a financiar servicios básicos como salud y seguridad. Esta medida no solo busca reconstruir el tejido institucional venezolano, sino que cierra de facto el flujo de combustibles y rentas que durante décadas alimentó la economía de la isla.
La operación generó un intenso debate en el Capitolio. El presidente del comité, el republicano Jim Risch, elogió la intervención, calificándola de \»increíblemente breve, planificada y exitosa\», y reveló que involucró a unos 200 efectivos con un tiroteo de menos de media hora. Risch subrayó la necesidad de supervisión internacional para restaurar elecciones libres en Venezuela. Por el contrario, la senadora demócrata Jeanne Shaheen cuestionó el balance costo-beneficio de la misión, señalando que muchos lugartenientes de Maduro permanecen en sus cargos y que la economía sigue deteriorada. \»Hemos cambiado un dictador por otro\», criticó Shaheen, cuestionando además el enfoque exterior de Trump frente a las preocupaciones económicas internas de los estadounidenses.
El impacto colateral en La Habana
La caída de Maduro trasciende la política interna de Washington y representa un terremoto para el régimen de La Habana. La dictadura cubana ha dependido históricamente del flujo de petróleo y de las rentas venezolanas para mantener a flote su colapsada economía y subsidiar parcialmente servicios públicos en la isla. Con el nuevo esquema de control financiero impuesto por Washington, las autoridades cubanas pierden acceso a esa línea de vida. Este aislamiento financiero agrava la profunda crisis estructural que sufre Cuba, marcada por una hiperinflación galopante, apagones prolongados, desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes, presionando aún más a un ejecutivo cubano que enfrenta un creciente descontento social y carece de alternativas para sustituir el apoyo perdido.
El desenlace de esta intervención militar y el futuro de Venezuela marcarán el ritmo de la política exterior estadounidense en la región. Mientras en el Congreso se dilucidan los límites del poder ejecutivo en operaciones de esta magnitud, la comunidad internacional observa cómo se reconfigura el tablero geopolítico. Para la ciudadanía cubana, el desmantelamiento del eje chavista-bolivariano podría acelerar las presiones internas contra el régimen, abriendo un escenario de incertidumbre pero también de potenciales transformaciones democráticas en el corto y mediano plazo.