La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó el envío de combustible a la isla como parte de una \»cooperación\» histórica y legal, eludiendo revelar los términos financieros de la operación que beneficia al régimen de La Habana en medio de su profunda crisis energética.
En su conferencia matutina, la mandataria mexicana reconoció el despacho de dos buques con un total de 80.000 barriles de combustible hacia territorio cubano, una operación destinada a paliar los constantes apagones en la isla. Sheinbaum defendió la medida apelando a la soberanía nacional y argumentando que se inscribe en una política de respaldo sostenido \»desde hace mucho tiempo\», independientemente del partido político en el poder en México.
Sin embargo, la explicación presidencial dejó un amplio vacío informativo sobre el verdadero alcance del acuerdo. Las autoridades mexicanas omitieron datos cruciales como los volúmenes exactos por parte de Petróleos Mexicanos (PEMEX), las condiciones comerciales, los plazos y si la entrega responde a una venta, un crédito o una donación. Sheinbaum se limitó a avanzar que PEMEX informará posteriormente sobre los costos asociados al transporte y carga, justificando la operación también por \»motivos humanitarios al pueblo de Cuba\».
Fricción diplomática y acusaciones desde Washington
El anuncio ocurre en medio de crecientes roces con Estados Unidos. Durante una audiencia en el Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar reprochó la política exterior de México y acusó al gobierno de Sheinbaum de enviar, de manera gratuita, unos 55 buques tanqueros de petróleo en los últimos cuatro meses, con un valor superior a los 3.000 millones de dólares. Salazar también criticó los pagos superiores a 100 millones de dólares por la contratación de médicos cubanos, cuestionando la contradicción entre el discurso de no intervención de México y su respaldo a la dictadura cubana.
Frente a estas exigencias de \»reconsiderar\» el apoyo a La Habana, la mandataria mexicana reiteró que su postura es soberana y no debe influir en la relación bilateral con Washington. No obstante, para la dictadura cubana, el arribo de estos hidrocarburos representa un salvavidas momentáneo que permite mantener la generación eléctrica y el funcionamiento de servicios básicos, aunque su impacto es limitado frente al colapso estructural del sistema energético nacional, profundizado por décadas de mala gestión, falta de mantenimiento e inversión inexistente.
A corto plazo, la inyección de combustible mexicano evitará el colapso total de la red eléctrica, pero refuerza la dependencia del régimen de La Habana de los subsidios externos para sostener la economía sin implementar reformas sustanciales. Mientras tanto, la opacidad en los acuerdos bilaterales continúa levantando interrogantes sobre el costo real de esta cooperación para el erario mexicano y las implicaciones geopolíticas en un hemisferio cada vez más dividido frente a la crisis cubana.