El humorista Ulises Toirac y el economista Mauricio de Miranda Parrondo han rechazado las recientes declaraciones de funcionarios del gobierno cubano en la televisión estatal, quienes sugirieron reducir el consumo de arroz y papa y avanzar hacia la venta de alimentos en dólares. Las afirmaciones, emitidas en el programa \»Cuadrando la caja\», ponen de manifiesto la profunda desconexión del régimen de La Habana ante una crisis alimentaria que ha sumido a la población en la escasez crónica.
El debate se desató tras la participación de un doctor en ciencias y el ingeniero José Carlos Cordovés Urquiza, director general de política industrial del Ministerio de la Industria Alimentaria, en el espacio televisivo. Ante la sugerencia de modificar los hábitos alimenticios de la población, Toirac respondió con ironía en sus redes sociales, cuestionando cómo se pretende debatir sobre la dieta de un pueblo que carece de opciones básicas para subsistir. El comediante recordó la herencia cultural e histórica que define la gastronomía en la isla, argumentando que la población \»ya no escoge lo que se va a comer\», sino que se limita a conseguir lo que pueda en medio de la inflación y el deterioro del poder adquisitivo.
Por su parte, el economista Mauricio de Miranda Parrondo profundizó en las implicaciones económicas del discurso oficial. El académico advirtió que, durante el programa, el directivo del Ministerio de la Industria Alimentaria insinuó que \»no cabría más remedio\» que vender algunos productos en dólares en el mercado interno. Miranda Parrondo interpretó esta medida como una clara estrategia de las autoridades de la isla para extraer las escasas rentas que quedan en la sociedad y captar las remesas enviadas por los familiares desde el exterior, en lugar de impulsar una verdadera reactivación de la industria alimentaria nacional.
Desconexión oficial en medio del colapso productivo
Las declaraciones emitidas en los medios de comunicación estatales, regulados por el Departamento Ideológico del Partido Comunista, reflejan un patrón recurrente de la dictadura cubana: culpar a los hábitos de consumo ciudadanos por el fracaso de las políticas públicas. La crisis estructural que atraviesa la isla se evidencia en la incapacidad del Estado para garantizar la canasta básica, obligando a millones de cubanos a depender de la importación informal o de los envíos desde el extranjero. Esta dinámica se agrava con una inflación descontrolada y un éxodo migratorio masivo, consecuencias directas de la ineficiencia administrativa y la falta de libertades económicas.
Ante esta situación, los analistas coinciden en que la actitud de los funcionarios no solo demuestra ineptitud, sino un profundo desprecio hacia la ciudadanía. Miranda Parrondo concluyó que el nivel de insolencia del ejecutivo cubano ha llegado a un punto insostenible, exigiendo un \»basta ya de inmoralidad y de desvergüenza\». La persistencia en extraer divisas de una sociedad empobrecida, en lugar de aplicar reformas que permitan la producción de alimentos, augura un mayor deterioro de las condiciones de vida y un incremento de la tensión social en el corto plazo, tal como advirtió Toirac al señalar que la gente \»está que arde\».