El propietario de un cocodrilo cubano que reside desde hace casi tres décadas en una tienda de fontanería en Novosibirsk, Rusia, evalúa solicitar la asistencia del Consulado de Cuba en Moscú para repatriar al animal ante la presión de las autoridades rusas para reubicarlo en un centro especializado.
Evgueni Fradkin, dueño del reptil conocido como Kuzya, indicó a la prensa local que si las gestiones dentro de Rusia fracasan, acudirá a la representación diplomática de la isla. La iniciativa surge tras la aprobación de un decreto en mayo por parte del gobierno ruso que prohíbe la tenencia de animales salvajes, incluidos los cocodrilos, en espacios privados no acreditados. Fradkin sugirió que el régimen de La Habana podría hacerse cargo del ejemplar, dado que es una especie en peligro de extinción, y devolverlo a su \»hábitat natural\».
Hasta el momento, no se han realizado gestiones formales ante la embajada ni ha habido respuesta de las autoridades cubanas. El Servicio Federal Ruso de Supervisión en el Campo de la Gestión de Recursos Naturales (Rosprirodnadzor) ya ha emitido un requerimiento para que el animal sea entregado antes del 11 de febrero de 2026. Aunque existe una oferta para trasladar a Kuzya a una granja en Ekaterimburgo, su dueño prefiere mantenerlo o enviarlo a Cuba. Sin embargo, la normativa rusa contempla una excepción para animales adquiridos antes de 2020, un beneficio que Fradkin podría perder al no contar con el recibo de compra de 1996.
Opacidad sobre el origen del ejemplar y la crisis ambiental en Cuba
El caso de Kuzya, que mide cerca de dos metros y pesa unos 100 kilogramos, pone de relieve la falta de control y la opacidad histórica del régimen de La Habana sobre la flora y fauna endémica. Las informaciones disponibles no documentan cómo el reptil salió de la isla en la década de los noventa, un período marcado por la profunda crisis económica conocida como Período Especial, donde el desespero y la falta de recursos facilitaron el tráfico y la extracción irregular de especies protegidas. Hoy, el colapso de los servicios públicos y la precaria situación de las instalaciones zoológicas en la isla plantean serias dudas sobre la capacidad real del gobierno cubano para garantizar un entorno adecuado para un animal de estas características en caso de una eventual repatriación.
A futuro, la decisión sobre el destino de Kuzya recaerá en los tribunales rusos si Fradkin decide litigar para conservar a su mascota. Mientras tanto, la eventual petición formal a las autoridades de la isla servirá como una prueba de la disposición y voluntad del ejecutivo cubano para asumir responsabilidades sobre su biodiversidad, un frente donde la gestión estatal ha sido ampliamente cuestionada por la comunidad internacional y los organismos conservacionistas ante la inminente extinción de diversas especies autóctonas.