Decenas de vecinos en La Habana y varias provincias del oriente cubano salieron a las calles para protestar por los prolongados apagones y la escasez de servicios básicos. Las manifestaciones, que incluyeron bloqueos de vías y cacerolazos, se han convertido en un nuevo episodio de descontento social ante el colapso energético que sufre la isla, con cortes de luz que superan las 30 horas en diversas localidades.
En la capital, barrios como La Habana Vieja, Centro Habana, Marianao y 10 de Octubre fueron escenario de concentraciones espontáneas. Según reportes de periodistas independientes y activistas en redes sociales, los residentes de la calle Suárez permanecieron más de una hora golpeando calderos, exigiendo el fin de los cortes eléctricos y coreando consignas a favor de la libertad. La frustración ciudadana ha alcanzado niveles críticos tras jornadas marcadas por la falta de corriente, agua y alimentos, empujando a la población a desafiar la constante represión y el miedo impuesto por la dictadura cubana.
El descontento no se limitó a la capital. En localidades de la provincia de Santiago de Cuba, como Santa Bárbara y Contramaestre, así como en Santiago de las Vegas, se registraron manifestaciones similares. En Contramaestre circularon imágenes de pintadas con mensajes directos hacia el exmandatario Raúl Castro y el conglomerado militar GAESA, evidenciando un rechazo creciente hacia la cúpula de poder y el control económico ejercido por las fuerzas armadas. Los manifestantes bloquearon vías públicas como forma de exigir respuestas a una crisis que el régimen de La Habana ha sido incapaz de resolver.
Colapso energético y crisis estructural
Estas protestas estallan en medio de una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas, derivada del deterioro irreversible de las termoeléctricas, la falta de mantenimiento y la escasez crónica de combustible. El gobierno cubano ha reconocido la parálisis en el suministro petrolero desde inicios de 2026, dependiendo únicamente de un donativo ruso de 100.000 toneladas de crudo que alivió temporalmente la situación en el mes de abril. La incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar la generación eléctrica ha provocado déficits que se traducen en apagones superiores a las 20 horas diarias en gran parte del territorio nacional.
El cacerolazo se ha consolidado como la principal forma de expresión ciudadana frente a la asfixia económica y el colapso de las condiciones de vida. Ante la imposibilidad de canalizar el descontento por vías institucionales debido a la ausencia de libertades democráticas, la presión social continúa en aumento. La persistencia de estos cortes eléctricos, sumada a la inacción y falta de responsabilidades por parte del ejecutivo cubano, augura un escenario de creciente inestabilidad, donde la población parece haber llegado al límite de su tolerancia frente a un sistema que ha fracasado en proveer lo más elemental para la supervivencia.