El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó ante la Cámara de Representantes que Washington está abierto a una transición negociada en Cuba, identificando a supuestos \»tecnócratas\» dentro del régimen como posibles interlocutores. Sin embargo, advirtió que la cúpula del poder dificulta cualquier acuerdo, reafirmando la presión estadounidense sobre el conglomerado militar GAESA y la responsabilidad del gobierno cubano en el colapso de la infraestructura nacional.
Durante su comparecencia, el jefe de la diplomacia estadounidense detalló que la posibilidad de alcanzar acuerdos se vuelve más compleja \»cuando se llega más arriba\» en la jerarquía. Un día antes, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Rubio había sido más explícito al señalar que la isla \»en realidad no está controlada por el Gobierno\», sino por GAESA. Según sus estimaciones, este conglomerado empresarial militar domina el turismo, la minería y el sector financiero, generando alrededor del 70% del PIB y acumulando activos que oscilan entre 14.000 y 17.000 millones de dólares.
Las declaraciones del secretario de Estado elevan la presión política y financiera sobre el régimen de La Habana en un escenario de profunda crisis económica, escasez crónica y acelerado éxodo migratorio. Esta postura se materializó el pasado 1 de mayo, cuando el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404. La medida amplía la capacidad de Washington para sancionar a personas y entidades extranjeras vinculadas a sectores estratégicos de la economía cubana, como energía, defensa, minería y servicios financieros, afectando directamente las fuentes de ingreso de la cúpula militar.
Colapso energético y desvío de recursos estatales
Rubio también desmintió que las recientes medidas estadounidenses sean la causa de los apagones en la isla, un argumento frecuentemente esgrimido por las autoridades para justificar la ineficiencia. Ante el Senado, ligó los cortes eléctricos prolongados a la falta de inversión del ejecutivo cubano en infraestructura energética y a la priorización de la construcción de hoteles, los cuales hoy se encuentran vacíos ante la nula afluencia turística. Esta realidad evidencia la desconexión de las políticas estatales con las necesidades básicas de la población.
La propuesta de Washington de interactuar con figuras técnicas por debajo de la cúpula sugiere una estrategia orientada a fracturar el bloque de poder de la dictadura cubana. Sin embargo, mientras el control militar y económico permanezca concentrado en GAESA y la represión social continúe siendo la principal herramienta para acallar el descontento, las perspectivas de una apertura democrática o una mejora material a corto plazo se mantienen comprometidas. La población continúa siendo la principal afectada de un sistema que prioriza la supervivencia del régimen sobre el bienestar común.