Viernes, 28 de agosto de 2026
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Senén Casas Más: El heredero de una dinastía militar que opera en la sombra del círculo íntimo de Alejandro Castro Espín

Senén Casas Más: El heredero de una dinastía militar que opera en la sombra del círculo íntimo de Alejandro Castro Espín

Una investigación basada en información clasificada revela que Senén Casas Más, hijo del general Senén Casas Regueiro y sobrino del creador del conglomerado GAESA, Julio Casas Regueiro, acompañó a Alejandro Castro Espín en más de 40 misiones internacionales con pasaportes diplomáticos emitidos por el Ministerio del Interior, mientras la población cubana enfrenta la peor crisis económica de las últimas tres décadas.

El nombre de Senén Casas Más rara vez aparece en los medios oficiales cubanos, pero su trayectoria lo coloca en el centro neurálgico del aparato de seguridad y defensa que rodea a la familia Castro. Según una investigación publicada por Martí Noticias basada en documentos clasificados obtenidos en la isla, Casas Más participó en más de 40 misiones internacionales junto a Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro Ruz y exasesor de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional. Los viajes, realizados con pasaportes diplomáticos emitidos por el Ministerio del Interior (MININT), incluyeron destinos estratégicos como Rusia, China, Panamá y Francia.

Luis Domínguez, investigador de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba con acceso a la información suministrada al medio, detalló la magnitud de estos desplazamientos: \»Utilizando pasaportes diplomáticos emitidos por el Ministerio del Interior, Casas Más ha realizado más de 40 misiones acompañando directamente a Alejandro Castro Espín\». La cifra revela no solo el nivel de confianza depositado en Casas Más dentro de los círculos de poder, sino también el grado de injerencia que la cúpula militar mantiene en operaciones de carácter diplomático y de inteligencia en el exterior.

Una dinastía militar al servicio del poder

Los vínculos de Senén Casas Más con la élite gobernante no son accidentales. Su linaje lo inserta directamente en la estructura militar que ha controlado Cuba durante más de seis décadas. Es hijo del mayor general Senén Casas Regueiro, quien se incorporó al Segundo Frente Oriental Frank País en 1958 bajo el mando de Raúl Castro, y posteriormente sirvió como ayudante del ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), primer viceministro y jefe del Estado Mayor durante más de una década. Al momento de su fallecimiento, el 6 de agosto de 1996, ocupaba el cargo de ministro de transporte y dirigía el grupo responsable de la política estatal de selección y gestión del personal gubernamental.

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La boda de Senén Casas Más y Ana Hurtado Martínez

Su tío, el general de ejército Julio Casas Regueiro, sucedió a Raúl Castro como ministro de las FAR en febrero de 2008 y ocupó el puesto hasta su muerte en septiembre de 2011. Según informó Reuters, durante su etapa como viceministro de las FAR, Julio Casas Regueiro construyó el conglomerado empresarial GAESA, que administra empresas estatales en los sectores de turismo, comercio minorista, agricultura y otros. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos describe a GAESA como una empresa paraguas controlada por los militares con intereses en turismo, inversiones financieras, importaciones, exportaciones y remesas. GAESA constituye, de hecho, el brazo económico más poderoso del régimen de La Habana y controla una porción significativa de los ingresos en divisas que ingresan al país.

El círculo de seguridad de Alejandro Castro Espín

La presencia de Casas Más junto a Alejandro Castro Espín fue documentada al menos desde 2014. Un estudio del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, elaborado por el historiador Pedro Roig y reportado en su momento por CaféFuerte, lo identificó como hijo del general Senén Casas y como \»el segundo al mando de Alejandro Castro\». Esta jerarquía informal sugiere que Casas Más no es un funcionario subalterno cualquiera, sino un operador clave dentro del aparato de seguridad que rodea al núcleo familiar del poder en Cuba.

La prensa oficial cubana ha documentado públicamente los roles institucionales de Alejandro Castro Espín y Juan Francisco Arias Fernández dentro de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional. En septiembre de 2015, el diario Granma identificó al primero como asesor y al segundo como subasesor de ese órgano, en un reporte sobre un encuentro entre Raúl Castro y el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la Organización de Naciones Unidas. En marzo de 2016, el periódico volvió a identificar a Castro Espín como asesor de la Comisión durante la visita de Obama a La Habana, un episodio que el régimen de La Habana utilizó como vitrina internacional sin alterar sustancialmente su política represiva interna.

La investigación de Martí Noticias también sitúa al mayor Alaim Peña Santiesteban y a Arias Fernández dentro del círculo de Casas Más. Las fuentes del medio atribuyen a Arias Fernández cerca de 30 misiones oficiales en el exterior junto a Casas Más y lo describen como un estratega militar y analista de ciberseguridad responsable de preparar informes de seguridad nacional y evaluaciones de amenazas para la dirigencia del país. Este nivel de actividad sugiere la existencia de una red operativa cohesionada que funciona al margen del escrutinio público y que responde directamente al núcleo militar del poder.

La fachada mediática desde España

Senén Casas Más está casado con la periodista española Ana Hurtado Martínez, una activa defensora del gobierno cubano. Según Domínguez, Hurtado Martínez ha iniciado el trámite para obtener residencia permanente en la isla y ha permanecido durante varios meses en propiedades ubicadas en los municipios habaneros de Plaza de la Revolución y Playa, zonas reservadas habitualmente para la nomenclatura y altos funcionarios del Estado. Fuentes citadas por Martí Noticias señalaron que viaja con frecuencia a México, Venezuela y España.

En 2022, Granma describió a Hurtado Martínez como periodista y cineasta española que había retomado su profesión para defender a \»Cuba\» y publicó declaraciones suyas en apoyo al sistema socialista establecido en la isla. Hurtado Martínez ha publicado de manera regular artículos respaldando al régimen en Cubadebate y otros medios oficiales y pro-castristas, funcionando como una voz propagandística en el ámbito hispanohablante. Su matrimonio con Casas Más representa un patrón recurrente en la historia del poder cubano: la articulación de redes de influencia internacional mediante alianzas personales que combinan acceso institucional, recursos económicos y propaganda política.

El costo de una élite que viaja mientras el país se hunde

Domínguez señaló que Casas Más y los demás miembros de esta red han acumulado cientos de vuelos, con los costos correspondientes a pasajes aéreos, alojamiento y viáticos pagados con fondos públicos. Esta revelación adquiere una dimensión particularmente cruel en el contexto de la crisis estructural que atraviesa Cuba. Mientras una élite militar y política accede a viajes internacionales con pasaportes diplomáticos y gastos cubiertos por el erario, la población común enfrenta un desabastecimiento crónico de alimentos, medicamentos y combustible, con apagones que superan las doce horas diarias en numerosas provincias.

La inflación en Cuba ha alcanzado niveles que han erosionado por completo el poder adquisitivo del salario medio estatal, que no supera el equivalente a 15-20 dólares mensuales al tipo de cambio del mercado informal. El éxodo migratorio, considerado el más masivo de la historia reciente de la isla, ha visto partir a más de un millón de cubanos hacia Estados Unidos, México, América Latina y Europa desde 2021. En este escenario, el uso de fondos públicos para financiar decenas de misiones internacionales de un círculo reducido de operadores militares no solo constituye un acto de depredación sobre los recursos del Estado, sino que expone con crudeza la naturaleza extractiva del sistema político cubano.

El control militar de la economía y el poder

El caso de Senén Casas Más ilustra con precisión el funcionamiento de lo que analistas e historiadores han denominado la \»militarización\» del Estado cubano. Desde que Raúl Castro asumió la presidencia interina en 2006 y luego la presidencia formal en 2008, las Fuerzas Armadas Revolucionarias han consolidado el control sobre los sectores estratégicos de la economía. GAESA, el conglomerado creado por Julio Casas Regueiro, administra hoy una porción desproporcionada del comercio minorista en divisas, la infraestructura hotelera, las importaciones, las remesas y los servicios financieros del país. El hecho de que el sobrino del fundador de GAESA opere junto al hijo de Raúl Castro en misiones internacionales de seguridad no es una coincidencia: es la materialización de un sistema en el que el poder militar, el control económico y la sucesión dinástica se entrelazan de forma indisoluble.

La sucesión de Miguel Díaz-Canel como presidente en 2018 y posteriormente como primer secretario del Partido Comunista en 2021 no alteró esta arquitectura. La cúpula militar, encabezada por figuras como Álvaro López Miera y otros generales de la vieja guardia, mantiene el control efectivo sobre las decisiones estratégicas del país. En este marco, operadores como Casas Más funcionan como engranajes de un aparato que combina inteligencia, diplomacia paralela y gestión de intereses económicos en el exterior, todo ello fuera del control de cualquier institución civil o mecanismo de rendición de cuentas.

Implicaciones y consecuencias

La revelación de esta red de operadores que se mueven con pasaportes diplomáticos y fondos públicos plantea preguntas serias sobre la transparencia del aparato estatal cubano y el uso de los recursos del país. En un contexto en el que la comunidad internacional ha mantenido posturas diversas frente al régimen de La Habana —desde el endurecimiento de sanciones por parte de Estados Unidos hasta la cooperación diplomática de la Unión Europea y gobiernos latinoamericanos—, la existencia de misiones no declaradas a países como Rusia y China adquiere una relevancia geopolítica que trasciende el ámbito interno cubano.

Para la ciudadanía cubana, estas revelaciones confirman lo que la experiencia cotidiana ya ha demostrado: que el Estado funciona como un aparato al servicio de un grupo reducido de familias y militares, no como una institución al servicio del bien común. Mientras los hospitales carecen de insumos básicos, las escuelas se deterioran, el transporte público colapsa y cientos de miles de cubanos emigran, la élite militar viaja por el mundo con pasaportes diplomáticos, acumula propiedades en zonas exclusivas de La Habana y articula redes de propaganda internacional. La distancia entre el país real y el país que administra el poder es, cada vez más, un abismo insalvable.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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