Una investigación periodística reveló que 7,57 millones de barriles de crudo y fueloil, valorados en 429 millones de dólares y registrados por Petróleos de Venezuela (PDVSA) con destino a la isla, nunca llegaron a los puertos cubanos. El hallazgo expone una red de desvíos, trasbordos en alta mar y vínculos con la cúpula militar y empresarial del régimen de La Habana, en pleno colapso del sistema electroenergético nacional.
El rastreo de nueve embarques específicos, documentados en registros internos de la petrolera estatal venezolana, ha destapado un agujero negro en el comercio bilateral de hidrocarburos. Según una indagación conjunta realizada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Armando.info, Transparencia Venezuela, La Prensa de Panamá y Diario de Cuba, los tanqueros salieron de territorio venezolano con Matanzas, La Habana o Cienfuegos como puertos de descarga finales, pero nunca atracaron en la isla. Esta desaparición coincide con el periodo más crítico de la escasez de combustible en Cuba, que el gobierno cubano ha utilizado reiteradamente como justificación para los apagones generalizados.
Para llegar a estas conclusiones, la alianza periodística contrastó los documentos filtrados de PDVSA con bases de datos de tráfico marítimo como MarineTraffic, VesselFinder y Global Fishing Watch, así como con los registros del Instituto de Energía de la Universidad de Texas. El análisis determinó que, entre enero y octubre de 2025, el puerto de Matanzas registró 96 visitas de embarcaciones, pero ninguna correspondía a los nueve tanqueros señalados en los papeles venezolanos. La base de datos de la Universidad de Texas confirmó la llegada de seis cargamentos de PDVSA a Cuba entre junio y septiembre de ese año, pero ninguno coincidía con los nueve embarques \»fantasmas\».
El escrutinio de los documentos revela que ocho de los nueve cargamentos estaban consignados a Cubametales, la empresa estatal encargada de la importación y exportación de combustibles, la cual opera bajo el paraguas del conglomerado militar GAESA. El noveno embarque fue asignado a Shineful Energy Co., una sociedad vinculada al empresario panameño Ramón Carretero Napolitano. Los registros indican que, a lo largo de 2025, Cubametales gestionó un total de 31 despachos desde puertos venezolanos hacia la isla, aunque la trazabilidad de muchos de ellos permanece en la sombra.
Los tanqueros fantasma y la crisis energética
Los detalles de los embarques perdidos muestran un patrón sistemático de opacidad. Entre el 1 y el 3 de mayo, el buque Keta cargó en la terminal venezolana de Jose aproximadamente 1,64 millones de barriles de crudo Merey 16, valuados en 93 millones de dólares, con destino a Matanzas. El 26 de mayo, el mismo tanquero realizó una segunda carga valorada en 63 millones de dólares. Sin embargo, los sistemas de seguimiento marítimo no registran ningún arribo de este buque a costas cubanas. Situaciones similares ocurrieron con el Songa —posteriormente rebautizado como Neptune 6—, el Halima, el Penny y el Malak, cuyos desplazamientos hacia la isla simplemente no existen en los registros oficiales de navegación.
Estos desvíos ocurrieron en medio de una de las fases más agudas de la crisis electroenergética cubana. El 21 de julio de 2025, la Unión Eléctrica reportó un déficit máximo de 2.054 megavatios (MW), dejando a gran parte del país sin servicio eléctrico durante horas, mientras decenas de centrales de generación distribuida permanecían inoperativas por la falta de combustible. Meses después, en diciembre, el primer ministro Manuel Marrero Cruz admitió públicamente que el agravamiento de la crisis se debía a \»la inestabilidad de nuestras termoeléctricas y la falta de combustible\». La paradoja es evidente: mientras el régimen de La Habana atribuía el colapso diario a la escasez de hidrocarburos, millones de barriles destinados a paliar la situación se esfumaban en el mar.
La opacidad institucionalizada ha sido la respuesta oficial ante el escrutinio. Cuando se le cuestionó en abril de 2026 sobre las cifras reales de combustible que recibía la isla, Miguel Díaz-Canel eludió la pregunta argumentando: \»No te voy a dar cifras porque son cosas que se persiguen mucho por parte de los servicios de inteligencia norteamericanos\». La dictadura cubana ha convertido el secretismo en una herramienta de Estado, escudándose en el asedio externo para ocultar lo que parece ser un desvío sistemático de recursos por parte de la élite militar y civil que controla la economía.
Trasbordos en alta mar y evasión de sanciones
La investigación logró arrojar luz sobre el posible paradero de una parte de este crudo mediante el análisis de operaciones de trasbordo en alta mar. El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que el tanquero Skipper cargó unos 1,8 millones de barriles de crudo venezolano en noviembre de 2025, con 1,1 millones destinados a Cubametales. Las autoridades estadounidenses incautaron la embarcación el 10 de diciembre al descubrir que navegaba con una bandera guyanesa falsa. Datos de la firma Kpler, citados por The New York Times, indican que el Skipper había transferido parte de su carga al Neptune 6 —el mismo buque que figuraba en los registros de PDVSA con destino a Cuba pero que nunca arribó— antes de poner proa hacia Asia.
El rastro empresarial de esta intrincada red conduce directamente a figuras de poder en Venezuela y Cuba. Ramón Carretero Napolitano y Carlos Erik Malpica Flores —sobrino de Cilia Flores y exvicepresidente de Finanzas de PDVSA— aparecen como los verdaderos controladores, a través de prestanombres, de sociedades como Hangzhou Energy, Shineful Energy y Forever Energy Trading, registradas en China, Singapur y Hong Kong. Estas tres compañías despacharon 47 millones de barriles de petróleo entre mayo y septiembre de 2025, con un valor estimado de 2.600 millones de dólares. El crudo era enviado a Malasia, donde era reetiquetado como \»mezcla malasia\» para eludir las sanciones internacionales y ser finalmente vendido a China.
El uso de \»flotas oscuras\» o \»flotas fantasmas\» es una constante en estas operaciones. Los operadores de estos buques desconectan o manipulan los sistemas automáticos de identificación (AIS) para ocultar su posición, el origen de la carga y los trasbordos en alta mar, una práctica ampliamente documentada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. La respuesta de Washington no se hizo esperar: el 11 de diciembre de 2025, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) sancionó a Carretero Napolitano por operar en el sector petrolero venezolano y mantener negocios con la familia Maduro-Flores. Días después, las sanciones se extendieron a los hermanos del empresario y a miembros de la familia Malpica Flores.
Contexto Sistémico: El colapso energético y la corrupción institucionalizada
El desvío de estos nueve cargamentos no es un incidente aislado, sino un síntoma de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. El sistema electroenergético nacional (SEN) se encuentra en un estado de obsolescencia terminal, con termoeléctricas que superan hace décadas su vida útil y una red de transmisión frágil que colapsa ante el menor evento meteorológico o fluctuación de carga. La dependencia del suministro venezolano, que alcanzó su pico durante la era de Hugo Chávez y se interrumpió parcialmente en años recientes, ha vuelto a ser la válvula de escape para un país que carece de capacidad de generación autónoma. Sin embargo, la opacidad con la que el gobierno cubano administra estos recursos impide cualquier auditoría ciudadana sobre su uso real.
La vinculación de Cubametales con GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), es un elemento clave para entender el panorama. En Cuba, la importación y distribución de combustibles no es una función puramente civil o estatal en sentido administrativo, sino un negocio controlado por la cúpula militar. Esta estructura permite que la élite en el poder opere con total impunidad, beneficiándose del comercio internacional y el mercado negro, mientras la población sufre apagones de hasta 20 horas diarias, escasez de alimentos y un éxodo migratorio sin precedentes. El hallazgo de que el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, compartía vuelos privados con Carretero Napolitano entre Panamá, Caracas y La Habana, refuerza la tesis de una oligarquía que medra a la sombra de la represión y la miseria generalizada.
El impacto de este desvío en la vida cotidiana es devastador. La falta de combustible no solo impide la generación eléctrica; paraliza el transporte público, afecta la distribución de alimentos y medicamentos, y frena la actividad económica en general. Mientras la dictadura cubana y sus aliados en Caracas orquestan complejas operaciones de trasbordo en aguas internacionales para eludir sanciones y lucrarse con la reventa de crudo en Asia, los ciudadanos en la isla se ven obligados a cocinar con leña o carbón frente a la inacción de las autoridades. La desconexión entre las necesidades de la población y las prioridades de la cúpula de poder es absoluta.
Implicaciones y futuro
El escrutinio internacional sobre estas redes de corrupción y evasión de sanciones obligará a una reconfiguración de las rutas clandestinas, pero es poco probable que modifique la matriz de poder en La Habana. El régimen de La Habana ha demostrado una capacidad notable para adaptar sus mecanismos de supervivencia económica a los cambios geopolíticos, utilizando intermediarios y paraísos fiscales para mantener el flujo de divisas hacia las arcas militares, a expensas del bienestar social que dice defender.
Para la ciudadanía, las consecuencias son inmediatas y severas. La opacidad en la recepción y distribución del combustible garantiza que la crisis electroenergética continúe siendo un arma de control y una fuente de sufrimiento diario. La comunidad internacional, particularmente Estados Unidos, ha intensificado su vigilancia y régimen de sanciones, pero el reto persiste: mientras exista una red de actores dispuestos a operar en la ilegalidad y un régimen dispuesto a sacrificar el desarrollo nacional por el enriquecimiento de su élite, el flujo de petróleo fantasma seguirá alimentando la maquinaria de la dictadura cubana, mientras la isla permanece a oscuras.