Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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Conductor estatal Abdiel Bermúdez, negador del 11J, se instala en México junto a su esposa

Conductor estatal Abdiel Bermúdez, negador del 11J, se instala en México junto a su esposa

Abdiel Bermúdez Bermúdez, una de las caras más visibles de la televisión oficialista en Cuba y conocido por haber negado el carácter espontáneo de las protestas del 11 de julio de 2021, ha sido localizado en Ciudad de México junto a su esposa, la también periodista Liudmila Peña Herrera. La salida del matrimonio, confirmada a través de interacciones en redes sociales y fuentes del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, evidencia la profunda crisis y el éxodo que atraviesa la isla, el cual ahora parece alcanzar a figuras clave del aparato propagandístico del régimen de La Habana.

La pista sobre el paradero del comunicador surgió a partir de una publicación en Facebook de Peña Herrera, donde relataba sus primeras experiencias en la capital mexicana. Aunque en su crónica se refería a su acompañante únicamente como \»mi compañero\», los comentarios de colegas del gremio despejaron cualquier duda. La periodista Sany Basulto etiquetó directamente a Bermúdez en la publicación, deseándole éxitos en su \»nueva etapa\» y asegurando que en Canal Caribe \»lo echan de menos\». Otros usuarios y colegas, como Raúl Rojas y la también comunicadora oficial Minoska Cadalso, se sumaron a los saludos, haciendo alusión a la familia completa y confirmando tácitamente la salida del país de los cuatro miembros del hogar.

La ausencia de Bermúdez de las pantallas cubanas ya había generado incógnitas entre la audiencia, que notó su desaparición del Noticiero Nacional de Televisión (NTV) y de los espacios donde solía participar. Su último trabajo firmado en la página de autor de Canal Caribe data de finales de junio, y su perfil en la red social del Sistema Informativo de la Televisión Cubana (SITVC) comenzó a referirse a su labor en pasado. La revista digital Cubaliteral corroboró posteriormente, mediante una fuente del propio SITVC, que el conductor había efectivamente abandonado la isla con rumbo a México, consolidando lo que muchos seguidores ya intuían como una migración definitiva.

Bermúdez no era un comunicador cualquiera dentro de la maquinaria estatal. Su rostro era sinónimo de la línea oficial en espacios clave como el NTV de la una de la tarde y el programa \»Crónicas del Domingo\», del cual era director y guionista. Su lealtad al gobierno cubano le valió múltiples reconocimientos. En abril de 2021, la Central de Trabajadores de Cuba le otorgó la distinción Proeza Laboral, un galardón compartido con otros voceros del régimen como Lázaro Manuel Alonso, Talía González y Humberto López. Poco después, en el marco del Concurso Nacional de Periodismo 26 de Julio, fue uno de los galardonados por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), consolidando su estatus como uno de los principales narradores de la realidad oficial.

El rol propagandístico frente al estallido social del 11J

El papel de Bermúdez adquirió mayor relevancia durante y después de las protestas históricas del 11 de julio de 2021. Cuando miles de cubanos salieron a las calles para exigir libertad y protestar por la profunda crisis económica y social, la dictadura cubana desplegó una estrategia de contención que combinó la represión policial violenta con una intensa campaña de deslegitimación mediática. En este escenario, el conductor del NTV fue una pieza fundamental. Dos semanas después del estallido, dedicó un segmento de su noticiero a desmentir un meme que circulaba en redes sociales, presentándolo como una \»burda mentira\» de la \»contrarrevolución\» y utilizando testimonios para desviar la atención de las detenciones masivas y arbitrarias que se llevaban a cabo en todo el país.

Su postura se profundizó con la publicación del libro \»¿Qué ha pasado en Cuba? Jóvenes en la Isla opinan a partir de los sucesos del 11 y 12 de julio de 2021\», editado por Ocean Sur. En su capítulo, titulado \»Entre deudas, conspiraciones y lecciones\», Bermúdez afirmó categóricamente que las manifestaciones no surgieron por iniciativa ciudadana: \»En tres palabras: de espontáneo nada\». El periodista sostuvo que los disturbios fueron preparados con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, llegando a comparar el movimiento cívico con eventos históricos como la explosión del Maine o La Coubre. Además, utilizó su texto para atacar a figuras de la disidencia, como José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), a quien describió con tintes despectivos.

En la misma obra, Bermúdez justificó la respuesta del gobernante Miguel Díaz-Canel, quien el 11J se presentó en San Antonio de los Baños y posteriormente dio la \»orden de combate\» para que los simpatizantes del régimen salieran a reprimir a los manifestantes. El periodista calificó la acción del mandatario como una atención legítima a los manifestantes, ignorando la violencia estatal que dejó cientos de heridos y más de mil detenidos. Por su parte, su esposa, Liudmila Peña Herrera, también contribuyó a esta narrativa en el mismo libro. En su texto, aunque admitió que no todos los manifestantes eran \»vándalos o asalariados del imperio\», justificó la criminalización de los jóvenes detenidos, afirmando que habían perdido su libertad individual al cometer \»delitos tan graves como volcar autos de policías\».

Contexto: El éxodo masivo y la crisis sistémica de la isla

La partida de Bermúdez y Peña hacia México no es un hecho aislado, sino que se inscribe en el contexto del mayor éxodo migratorio que ha sufrido Cuba en las últimas décadas. La crisis estructural de la isla, marcada por una hiperinflación galopante, el colapso total del sistema electroenergético, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicamentos, y la depreciación constante del salario real, ha empujado a cientos de miles de cubanos a abandonar el país. Este flujo migratorio, que ha utilizado a México como principal ruta de tránsito y destino, ya no solo incluye a ciudadanos comunes o disidentes, sino que comienza a mermar las filas de la burocracia estatal y los medios de prensa oficialistas.

El régimen de La Habana ha mantenido un control férreo sobre la información, convirtiendo a los medios estatales en instrumentos de la dictadura para silenciar el descontento social. Periodistas como Bermúdez y Peña fueron responsables de construir una realidad paralela que ocultara la severidad de la crisis y justificara la represión contra quienes exigían cambios. Sin embargo, la imposibilidad de sostener esta narrativa frente al colapso evidente del modelo económico y la falta de libertades fundamentales genera profundas contradicciones internas. La salida del país de voceros que alguna vez defendieron la \»lealtad como destino\» —como escribió Peña en un perfil laudatorio de Raúl Castro en el diario Juventud Rebelde— revela el agotamiento del proyecto oficial incluso entre sus propios cuadros.

La fuga de talentos del sector estatal responde a las mismas causas que el resto del éxodo: la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un nivel de vida mínimo a sus trabajadores. Un periodista estatal, a pesar de su visibilidad y los premios otorgados por el aparato sindical, enfrenta las mismas dificultades para alimentar a su familia, soportar los apagones prolongados y acceder a servicios básicos que cualquier otro ciudadano. La diferencia radica en que, al tener mayor exposición y redes de contacto, estas figuras encuentran vías más ágiles para emigrar, a menudo aprovechando becas o programas académicos en el extranjero, como parece ser el caso de Peña, quien figura como estudiante de la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México.

Implicaciones y consecuencias para el aparato propagandístico

La instalación de Abdiel Bermúdez y Liudmila Peña en territorio mexicano representa un duro golpe simbólico para el discurso oficial. La imagen de uno de los principales negadores del 11J abandonando la \»construcción del socialismo\» que tanto defendió desde la pantalla, socava la credibilidad de la narrativa gubernamental y deja un vacío en la estrategia de contención mediática de las autoridades de la isla. Mientras el gobierno cubano intenta maquillar la realidad para consumo interno e internacional, el éxodo de sus propios comunicadores expone, de manera inequívoca, que la crisis no respeta ni siquiera a aquellos encargados de negarla. El futuro inmediato de la prensa estatal se presenta incierto, enfrentando el reto de cubrir la debacle nacional con un personal cada vez más reducido y desmotivado, en un país donde la verdad oficial se desmorona al mismo ritmo que su economía.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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