La constante crisis energética y la nula inversión en infraestructura mantienen al sistema de agua potable de la isla al borde del colapso, exponiendo a millones de cubanos a enfermedades por el consumo de líquidos contaminados, advierte la ingeniera ambiental Helena Solo-Gabriele.
Los apagones prolongados, la obsolescencia de las redes de distribución y la ausencia de mantenimiento adecuado han convertido el acceso al agua segura en un desafío cotidiano para la población. La profesora de la Universidad de Miami y especialista en calidad del agua, Helena Solo-Gabriele, señala que la interrupción constante del fluido eléctrico paraliza los sistemas de bombeo, lo que provoca una caída drástica en la presión de las tuberías. Esta pérdida de presión permite que aguas residuales y contaminantes externos se filtren en el sistema de agua potable, un riesgo sanitario que las autoridades de la isla han sido incapaces de mitigar.
La situación del saneamiento es igualmente alarmante. Al detenerse el bombeo por falta de electricidad, el agua estancada pierde su capacidad de desinfección. Solo-Gabriele advierte que, según testimonios de ingenieros recién llegados desde Cuba, los sistemas de cloración no funcionan o lo hacen de manera deficiente. La combinación de tuberías rotas, baja presión y ausencia de cloro sitúa a las comunidades en una vulnerabilidad extrema frente a enfermedades transmitidas por agua contaminada, un fallo estructural que el gobierno cubano ha ignorado sistemáticamente.
Una infraestructura deteriorada por décadas de abandono
El deterioro del sistema hidráulico no es un fenómeno aislado, sino el resultado directo de la política de desinversión promovida por el régimen de La Habana. Al igual que la red eléctrica y el sistema de salud, el acueducto nacional sufre un envejecimiento acelerado sin planes efectivos de modernización. Solo-Gabriele estima que más de la mitad del agua se pierde por fugas en las tuberías antes de llegar a los hogares. Para revertir este colapso, la experta sugiere tecnologías modernas como la renovación de tuberías mediante métodos de revestimiento interno, los cuales reducen costos al evitar excavaciones a gran escala. Sin embargo, la implementación de estas soluciones requiere financiamiento y voluntad política, elementos ausentes bajo la actual gestión del ejecutivo cubano.
El acceso al agua potable, el manejo de aguas residuales y el drenaje pluvial son sistemas interconectados que requieren redes íntegras y presión positiva para garantizar un suministro continuo, un estándar hoy inalcanzable en la isla. La incapacidad de la dictadura para garantizar el acceso a un servicio elemental como el agua segura no solo profundiza la emergencia sanitaria, sino que actúa como un catalizador más del masivo éxodo migratorio. Ante la imposibilidad de acceder a condiciones mínimas de subsistencia y la falta de respuestas estatales, la ciudadanía se enfrenta a un escenario crítico donde el colapso de los servicios públicos sigue empujando a la desesperación y a la salida del país.