Una investigación publicada en la revista científica Social Science & Medicine revela que los cortes eléctricos han provocado niveles extremos de depresión, ansiedad y estrés en la población cubana. Los especialistas catalogan la situación como una emergencia de salud pública, consecuencia directa del colapso estructural del sistema energético gestionado por el régimen de La Habana.
El análisis, titulado \»Impotentes y bajo presión: vulnerabilidades en salud mental en el contexto de apagones prolongados en Cuba\», fue liderado por el psicólogo Yunier Broche-Pérez, junto a la especialista Zoylen Fernández-Fleites. Tras evaluar a 415 adultos de distintas provincias, los investigadores documentaron un deterioro psicológico alarmante: ninguno de los participantes presentó parámetros normales de salud mental. Los datos arrojan que el 55,4 % sufre depresión extremadamente grave, el 66 % ansiedad severa y el 65,8 % estrés extremo.
Según el documento, el daño emocional trasciende la simple falta de electricidad y se vincula directamente al colapso funcional de la vida cotidiana. La imposibilidad de cocinar, conservar alimentos, dormir o trabajar genera un estado de \»alta demanda y bajo control\» en la sociedad. Casi el 79 % de los encuestados reportó alta irritabilidad, mientras que más del 77 % enfrenta dificultades graves para alimentarse y el 76 % padece trastornos severos del sueño debido a la falta de ventilación y el calor.
El costo humano del deterioro infraestructural
Este panorama psicológico se inscribe en la profunda crisis estructural que atraviesa la isla, marcada por la inflación, el desabastecimiento crónico y el éxodo migratorio. El sistema eléctrico, afectado por años de falta de mantenimiento e ineficiencia planificada por el gobierno cubano, ha llevado a amplias zonas del país a soportar cortes de más de 36 horas consecutivas. Los adultos jóvenes resultan ser los más golpeados por esta inestabilidad, al enfrentar mayores presiones académicas y laborales en un entorno donde la infraestructura básica ha fallado por completo.
Los especialistas advierten que la pérdida constante de recursos esenciales no solo genera estrés temporal, sino un desgaste emocional crónico que podría dejar secuelas psicológicas a largo plazo en la ciudadanía. Mientras las autoridades de la isla fracasan en ofrecer soluciones reales a la crisis energética, la población queda atrapada en un ciclo de indefensión aprendida y agotamiento, evidenciando una vez más cómo la ineficiencia estatal y la falta de políticas efectivas se traducen en un costo directo sobre la salud y la dignidad de los cubanos.