La reciente adquisición de cientos de drones militares de procedencia rusa e iraní por parte del régimen de La Habana ha reabierto el debate sobre la seguridad regional y evocado antiguos planes de agresión contra territorio estadounidense. Inteligencia de Estados Unidos alerta que la dictadura cubana evalúa escenarios de ataque con estas aeronaves, una estrategia que remite directamente al \»Plan Hatuey\», concebido por Fidel Castro durante la Guerra Fría para bombardear objetivos estratégicos en el sur de Florida.
El plan histórico salió a la luz pública en 1987 tras la deserción del general Rafael del Pino, excomandante de la Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), quien aterrizó en Cayo Hueso entregando abundante información a los servicios de inteligencia estadounidenses. Posteriormente, en 1991, el mayor Orestes Lorenzo Pérez corroboró estos datos tras desertar en un caza MiG-23. Ambos testimonios confirmaron que el fallecido líder cubano diseñó operaciones para atacar la base aérea de Homestead y la planta nuclear de Turkey Point, utilizando aeronaves soviéticas introducidas en la isla a finales de los años 70, en violación de los acuerdos posteriores a la Crisis de los Misiles de 1962.
El cálculo bélico de la Guerra Fría y la doctrina del \»acto suicida\»
Según las investigaciones del analista militar Mario Armando Riva Morales, estos planes se gestaron durante las administraciones de Gerald Ford y Jimmy Carter, aprovechando el desgaste estadounidense tras la guerra de Vietnam. El régimen cubano proyectaba el uso de helicópteros Mi-8TB y cazabombarderos MiG-23BN para ejecutar un ataque que el propio Castro consideraba devastador para el sur de la Florida. Riva Morales califica la iniciativa como un \»acto suicida\», derivado de la mentalidad megalomaníaca del líder, quien impulsaba la doctrina de la \»Guerra de Todo el Pueblo\» consciente de la inferioridad militar insular frente al poderío de Estados Unidos.
Décadas después, la realidad geopolítica de la isla ha mutado, pero no su beligerancia encubierta. El actual colapso económico y el aislamiento internacional no han impedido que las autoridades de la isla prioricen el gasto militar y la represión interna por encima del bienestar ciudadano. La introducción de la nueva flota de drones no tripulados, revelada recientemente por el medio Axios, evidencia una renovación del arsenal del ejecutivo cubano, financiada en gran medida por sus aliados en Moscú y Teherán en medio de una profunda crisis de desabastecimiento y un severo endurecimiento de la represión social.
La confirmación de que la dictadura cubana discute posibles escenarios bélicos con tecnología de drones de ataque coloca a la administración de Washington ante un desafío de seguridad nacional. Mientras el régimen de La Habana mantiene su retórica confrontacional y se aferra al poder sin control democrático, las implicaciones políticas de esta militarización apuntan a una potencial escalada de tensiones en el hemisferio. La comunidad internacional deberá evaluar cómo responder a una amenaza que, aunque tecnológicamente distinta, mantiene intactas las pretensiones hostiles de la Guerra Fría y pone en riesgo la estabilidad regional.