La empresa estatal Correos de Cuba informó la reanudación del servicio de giros internacionales hacia la isla, imponiendo un esquema que limita drásticamente la entrega de dinero en efectivo y obliga a los receptores a utilizar tarjetas en pesos cubanos (CUP) para montos superiores a los 20 dólares.
Según un comunicado difundido a través de su canal oficial en Telegram, las autoridades de la isla establecieron que los beneficiarios solo podrán cobrar en efectivo el equivalente en moneda nacional a 20 dólares estadounidenses. Cualquier cantidad que supere este umbral será depositada de manera obligatoria en una tarjeta magnética en CUP, sometiendo los fondos a la tasa de cambio oficial impuesta por el ejecutivo cubano. El servicio, con un límite máximo de 1.000 euros o dólares por destinatario, estará disponible para envíos provenientes de España, Chile, Uruguay, República Dominicana, Colombia, Perú, Panamá y Yibuti.
La burocracia estatal precisó que el cobro de estos giros será estrictamente personal e intransferible. Para acceder a los fondos, los ciudadanos deberán presentar su carné de identidad, el número de referencia del envío y una clave secreta. Asimismo, se habilitó una línea telefónica de atención para asistir a los usuarios frente a la complejidad del nuevo esquema financiero.
Estrategia oficial para captar divisas en medio de la crisis estructural
Esta medida se inscribe en la estrategia más amplia del régimen de La Habana para controlar y canalizar las remesas hacia el circuito financiero oficial. A inicios de 2024, el primer ministro Manuel Marrero Cruz admitió públicamente la necesidad imperiosa de \»recuperar los flujos de remesas\» mediante nuevas plataformas y tarjetas en divisas, reconociendo incluso la implementación de \»dolarizaciones parciales\» para intentar paliar la profunda escasez de moneda fuerte en las arcas del Estado.
El anuncio coincide con recientes disposiciones de la financiera Fincimex, que autorizó el cobro de remesas en dólares en efectivo en oficinas de CADECA o su depósito en la denominada Tarjeta Clásica. En conjunto, estas disposiciones reflejan el esfuerzo del gobierno cubano por atraer divisas frente a la crisis de liquidez que asfixia al país. Sin embargo, la obligatoriedad de mantener los ahorros familiares en una moneda devaluada como el CUP evidencia cómo la dictadura cubana prioriza el control estatal sobre los recursos en detrimento del poder adquisitivo de la ciudadanía, sumida en un colapso económico sistémico, inflación galopante y un éxodo migratorio sin precedentes.