La delegación cubana de boxeo femenino viajó a un clasificatorio en Guadalajara, México, con siete atletas, pero retornó con una ausencia inexplicable. Melissa Millares, inscrita en los 60 kilogramos, no se presentó al torneo, un hecho que los medios estatales han omitido cuidadosamente, alimentando sospechas de una nueva deserción deportiva frente a la crisis estructural que atraviesa la isla.
Antes del viaje a tierras aztecas, la prensa oficialista, incluyendo a la Agencia Cubana de Noticias (ACN), confirmó la presencia de Millares en la nómina. Sin embargo, tras concluir la justa deportiva, publicaciones afines al Instituto Nacional de Deportes (INDER), como la revista JIT, se limitaron a reportar la obtención de 13 plazas para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2026, señalando únicamente que Cuba \»no tuvo concursante\» en la división de los 60 kilos. La omisión deliberada de los detalles sobre la ausencia de la pugilista cienfueguera refleja la política de censura y opacidad informativa habitual del gobierno cubano cuando se enfrenta a situaciones que comprometen su narrativa de control total.
Frente al vacío informativo de las autoridades de la isla, la prensa independiente ha intentado reconstruir lo ocurrido. El portal Cubalite reportó, citando fuentes anónimas de la Comisión Nacional de Boxeo, que Millares abandonó la delegación tras llegar al aeropuerto mexicano. A esto se suma la incógnita sobre Yailena Palomo, campeona nacional de los 50 kilogramos, quien tras perder su combate ante la mexicana Valeria Amparán, habría dejado la selección nacional, un extremo que aún no ha sido esclarecido por las instituciones oficiales.
Opacidad institucional y rezago histórico
El incidente en Guadalajara no es un hecho aislado, sino que se enmarca en el profundo deterioro de las condiciones de vida y el control ejercido por la dictadura cubana sobre sus atletas. Las deserciones y abandonos se han vuelto una constante en el deporte de la isla, producto de la precariedad económica, el desabastecimiento y la falta de libertades que empujan a los deportistas a buscar oportunidades fuera del país. Además, el boxeo femenino carga con un histórico veto institucional que solo fue levantado a finales de 2022, dejando a Cuba rezagada frente al mundo durante décadas, incluso después de que la disciplina debutara en los Juegos Olímpicos de 2012.
El retraso en la integración de la mujer en este deporte fue justificado durante años con argumentos abiertamente sexistas por parte de la cúpula deportiva, que llegó a afirmar en 2009 que las mujeres estaban \»hechas para la belleza y no para recibir golpes\». Más allá de los resultados obtenidos en el clasificatorio, el silencio del régimen de La Habana ante la posible deserción de sus atletas evidencia una vez más la incapacidad del sistema para retener a su talento. Mientras la crisis empuje a la ciudadanía al exilio, el aparato propagandístico estatal continuará maquillando la realidad con medallas, ignorando el costo humano de la represión y el colapso sistémico.