Decenas de residentes en La Habana se aglomeraron este domingo en las aceras de establecimientos privados para seguir la final del Mundial de fútbol entre Argentina y España. La cita deportiva se transformó en una esperanza de disfrutar de algunas horas de electricidad, en medio de la profunda crisis energética que mantiene a buena parte de la capital sumida en cortes que superan las 30 horas continuas.
En la intersección de la Calzada de Luyanó y Nuestra Señora de Regla, el paladar La Fela sacó un televisor a la calle, convirtiendo la acera en una grada improvisada. Vecinos con sillas, taburetes o simplemente de pie, se congregaron buscando un respiro a la asfixiante rutina de los apagones. A pocas cuadras, en la cafetería El Turbo, se repitió la escena: un público que durante noventa minutos intentó desplazar del centro de la conversación las averías de las termoeléctricas y la falta de combustible.
«¿Nos dejarán ver el Mundial?», preguntaba un residente del Cerro al restablecerse el servicio tras casi un día y medio sin electricidad. La frase ilustra la realidad de una urbe donde el suministro energético depende más del azar que de la planificación del régimen de La Habana. El colapso del sistema electroenergético ha derretido refrigeradores, vaciado los tanques de agua y convertido las noches en un calvario por las altas temperaturas.
El deporte como escape a una crisis sistémica
El fenómeno de ver el fútbol en la calle no es solo una muestra de afición, sino un reflejo de la precariedad estructural que sufre la isla. Las conversaciones en los barrios habaneros mezclan los pronósticos deportivos con el conteo de las horas de corriente disponibles en cada zona. Mientras tanto, la inflación galopante impide a muchos de los presentes consumir siquiera una bebida en los establecimientos que transmiten el partido, limitándose a observar desde la calle sin poder acceder a los altos precios de los productos.
El desabastecimiento y la falta de expectativas económicas bajo el gobierno cubano han convertido cualquier evento de este tipo en un oasis temporal frente a una realidad insostenible. El fútbol logra suspender, aunque sea por un instante, la rutina más áspera de un país sumido en el fracaso de su modelo productivo y administrativo.
La incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar un servicio básico como la electricidad, incluso durante un evento de alcance global, subraya el grado de deterioro institucional y técnico del país. Mientras la dictadura cubana prioriza el control social y la represión por encima del bienestar de la población, los ciudadanos continúan buscando estrategias de supervivencia. Sin embargo, el escenario apunta a un empeoramiento de las condiciones de vida, lo que amenaza con profundizar el éxodo migratorio y el aislamiento de una nación que no logra estabilizar ni sus sistemas más fundamentales.