Un diplomático cubano, hijo de un alto oficial de inteligencia, gestiona un negocio paralelo de envío de remesas hacia la isla desde Estados Unidos, aprovechando vacíos en el sistema financiero para eludir las restricciones impuestas por el embargo. La operación, dirigida por Emilio Pevida Sánchez desde el exterior y con un socio en territorio estadounidense, revela cómo figuras vinculadas al régimen de La Habana se benefician de la urgente necesidad de divisas de los ciudadanos.
De acuerdo con investigaciones periodísticas, el servicio es promocionado a través de grupos de WhatsApp bajo el lema de remesas activas desde Estados Unidos y Europa. Las comunicaciones se realizan desde un número telefónico registrado en Cuba a nombre de Emilio Pevida Pupo, padre del diplomático y actual embajador de la isla en Mongolia, con un historial ligado a la inteligencia estatal. El procedimiento exige que los clientes utilicen la plataforma Zelle para transferir fondos a Reinier Gómez Hernández, residente en Indiana, sin incluir ninguna descripción que vincule el dinero con Cuba, una táctica para evitar el bloqueo de las transacciones por parte de los bancos estadounidenses.
Gómez Hernández, quien actúa como receptor de los fondos en EE. UU., habría ingresado al país en 2024 tras cruzar la frontera y solicitar refugio, gestionando actualmente su residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano. Las instrucciones del servicio prohíben explícitamente a los usuarios llamar o escribir al número de contacto y advierten que cualquier incumplimiento de estas normas exime a los organizadores de responsabilidad. Esta estructura opaca refleja la doble moral de las autoridades de la isla, que mantienen un discurso oficial de hostilidad hacia Washington mientras sus propios funcionarios operan en la economía subterránea del exilio.
Trayectoria diplomática y lucro en la sombra
El joven Pevida Sánchez tiene un recorrido diplomático en zonas de influencia aliada al gobierno cubano. Trabajó en la embajada en Damasco hasta la reciente caída del régimen de Bashar al-Assad, tras lo cual se trasladó a Beirut. Su trayectoria, sumada a la de su padre, un oficial formado en Moscú, contrasta con la participación en negocios privados de envío de divisas, una actividad que la dictadura cubana ha monopolizado históricamente y que ahora parece delegar en redes informales controladas por sus propios cuadros.
Las remesas representan uno de los pilares fundamentales para la supervivencia económica de la población cubana, inyectando miles de millones de dólares anuales que el ejecutivo cubano intenta captar a través de mecanismos estatales o redes de fachada. Sin embargo, el colapso del sistema bancario nacional, la hiperinflación y el desabastecimiento crónico han propiciado el surgimiento de canales alternativos.
Este caso no solo expone la vulnerabilidad de los controles financieros frente a operaciones lideradas por figuras del régimen, sino que también plantea interrogantes sobre el uso de asilos políticos y beneficios migratorios por parte de individuos conectados a la dictadura cubana para lucrarse. La comunidad internacional y las autoridades estadounidenses podrían intensificar el escrutinio sobre estas redes, en un momento en que la crisis migratoria y el deterioro institucional de la isla continúan sin solución a la vista.