La esposa del gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, reapareció en sus redes sociales tras dos semanas de inactividad para felicitar a las mujeres en su día internacional. En su mensaje, Lis Cuesta reconoció que \»corren malos tiempos\», una afirmación que desató la indignación de los internautas, quienes le reprocharon la desconexión de la cúpula gubernamental con la profunda crisis que sufre la población.
En una publicación realizada en la plataforma X, Cuesta —quien funge como directora de Eventos del Ministerio de Cultura— envió un saludo a las mujeres cubanas y rindió homenaje a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Sin embargo, la frase \»corren malos tiempos pero sin ustedes, serían peores\» captó la atención de inmediato. Su reaparición ocurre en un contexto de creciente presión internacional y tensiones diplomáticas, aunque no especificó si se refería a la crisis económica interna o al escrutinio externo sobre el régimen de La Habana.
La respuesta de la ciudadanía en redes sociales no se hizo esperar. Decenas de usuarios replicaron el mensaje para evidenciar la falta de empatía frente a la dura realidad de la isla. Los comentarios destacaron la crítica hacia las mujeres presas políticas, la escasez de alimentos que obliga a las familias a buscar divisas en el mercado informal y los privilegios de la élite, incluyendo la salida al extranjero de familiares de altos mandos, en contraste con el cierre de opciones para el resto de la población.
Desconexión con la crisis estructural
El episodio refleja la brecha insalvable entre las autoridades de la isla y la ciudadanía. Mientras el gobierno cubano insiste en una retórica de resistencia y celebración institucional, el país se enfrenta a una inflación galopante, apagones prolongados y un éxodo migratorio sin precedentes. Las mujeres cubanas cargan hoy con el peso de la supervivencia familiar en un entorno marcado por el desabastecimiento crónico y la represión social ejercida por la dictadura contra quienes disienten o protestan por las condiciones de vida.
La figura de Lis Cuesta, promovida en la esfera pública como un rostro afable del ejecutivo cubano, termina por cristalizar el descontento popular. Sus declaraciones, en lugar de apaciguar los ánimos, reavivan el debate sobre la responsabilidad directa de la dirigencia en el colapso nacional. La creciente indignación digital sugiere que cualquier intento de maquillaje oficialista choca de frente con una sociedad agotada que exige respuestas tangibles antes que felicitaciones retóricas.