Cuba recibió apenas 184.833 viajeros internacionales durante el mes de enero, lo que representa una contracción del 5,9% en comparación con el mismo período del año anterior y marca el peor registro para este mes en los últimos 13 años, excluyendo la etapa pandémica. Los datos, divulgados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), confirman el acelerado deterioro de un sector que el gobierno cubano considera vital para su economía.
Aunque los principales mercados emisores, como Canadá y Rusia, mostraron incrementos del 12% y 31% respectivamente, la tendencia general fue negativa. La caída más drástica provino de la comunidad cubana en el exterior, que redujo sus viajes a la isla en más de un 40%, sumando apenas 12.574 viajeros. Estados Unidos también registró un descenso del 50,1%, mientras que países europeos y latinoamericanos como España, Francia, México y Colombia experimentaron retrocesos significativos en el número de turistas que eligieron el destino caribeño.
Colapso energético y alertas internacionales frenan la temporada alta
Las perspectivas para la actual temporada alta son desalentadoras, profundizadas por la aguda crisis energética que sufre el país. La escasez crónica de combustible ha obligado en las últimas semanas a aerolíneas canadienses y rusas a suspender temporalmente sus operaciones hacia la isla. A esto se suma la advertencia de al menos una docena de países que han recomendado a sus ciudadanos no viajar a Cuba o extremar las precauciones, una medida que disuade al turismo y evidencia el colapso de los servicios públicos bajo la administración del ejecutivo cubano.
Este desfonde sectorial no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de la crisis estructural que atraviesa la nación. En el año anterior, las autoridades de La Habana lograron apenas 1,8 millones de visitantes, fracasando frente a su propio objetivo oficial de 2,6 millones. Estas cifras contrastan dramáticamente con los máximos históricos de 4,6 millones alcanzados en 2018. Mientras destinos competidores en el Caribe, como República Dominicana y México, baten récords tras la pandemia, Cuba se hunde bajo el peso de la inflación, el desabastecimiento, el deterioro de la infraestructura hotelera y la incapacidad del régimen para garantizar condiciones mínimas de operatividad.
El estancamiento del turismo, tradicionalmente una de las principales fuentes de divisas junto con las remesas, augura un agravamiento de la ya precaria situación económica de la ciudadanía. La falta de ingresos frescos profundizará la escasez de productos básicos y la inestabilidad del sistema energético nacional. Ante la incapacidad del gobierno cubano para revertir este declive mediante reformas estructurales, la población continuará soportando las consecuencias de un modelo económico fracasado, mientras el éxodo migratorio y la pobreza se consolidan como las únicas realidades en expansión en la isla.