La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que su gobierno no enviará combustible a la isla por el momento, cediendo ante la presión de la política arancelaria de Washington. La decisión deja al régimen de La Habana sin uno de sus principales suministros energéticos, en medio de la agudización de la crisis estructural cubana.
Durante su conferencia de prensa matutina, la mandataria mexicana indicó que \»por lo pronto no vamos a enviar combustible\», cerrando temporalmente la posibilidad de reanudar los suministros de crudo suspendidos a inicios de año. Aunque Sheinbaum rechazó la medida estadounidense y calificó las sanciones de \»injustas\», subrayó que el ejecutivo mexicano evitará exponer su comercio frente a la orden ejecutiva firmada por Donald Trump a principios de febrero, la cual impone gravámenes a las naciones que provean petróleo a Cuba de forma directa o indirecta.
A pesar del corte energético, las autoridades de la isla seguirán recibiendo asistencia humanitaria. La semana pasada, la Armada mexicana arribó a La Habana con 814 toneladas de alimentos y artículos de higiene. Sheinbaum ratificó esta línea de apoyo, argumentando que \»no se puede ahorcar a un pueblo\» y que, independientemente del sistema de gobierno, la población civil no debe sufrir las consecuencias de las disputas geopolíticas. Sin embargo, el giro en la política energética mexicana representa un duro golpe para el gobierno cubano, que ya había perdido el respaldo de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro en enero.
Impacto en el colapso energético y la economía cubana
Entre enero y septiembre del año pasado, México envió un promedio de 19.200 barriles diarios de crudo y derivados a la isla, según reportes presentados por Petróleos Mexicanos (PEMEX) ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. La interrupción definitiva de este flujo deja a La Habana en una posición de extrema vulnerabilidad. Esta escasez de combustible se suma al colapso sistémico que atraviesa la nación caribeña, afectando directamente sectores vitales como el transporte público, la generación eléctrica y el funcionamiento de hospitales y escuelas. Esta situación es el resultado de décadas de mala gestión por parte de la dictadura cubana, cuya dependencia crónica de subsidios externos ha evidenciado la fragilidad de su modelo económico y su incapacidad para garantizar la subsistencia básica de la población.
El futuro inmediato para la ciudadanía se vislumbra complejo, con la perspectiva de apagones prolongados y una mayor paralización de la ya mermada actividad económica, lo que amenaza con incentivar aún más el éxodo migratorio. Mientras el régimen de La Habana busca desesperadamente nuevos aliados en el mercado internacional, la comunidad internacional y el gobierno de Estados Unidos mantienen la presión sobre las fuentes de financiamiento del aparato estatal. La postura de México refleja cómo las medidas de presión externa logran aislar cada vez más a la cúpula gobernante, aunque el costo inmediato siga recayendo sobre el desabastecimiento cotidiano de los cubanos.