Las interminables filas en las gasolineras de Holguín evidencian el colapso del abastecimiento energético en la isla. Los trabajadores del sector privado del transporte denuncian la falta de combustible incluso pagando en dólares, mientras el régimen de La Habana ignora la proliferación de un mercado negro que ahoga la economía ciudadana y empuja a miles hacia el exilio.
La escasez de combustible ha transformado el paisaje urbano en varias provincias del país, con Holguín como uno de los epicentros de la crisis. Choferes privados reportan que, a pesar de comercializarse el litro de gasolina a 1,30 dólares en las estaciones de servicio, el fluido se agota rápidamente, dejando a cientos de vehículos varados. La situación ha generado un profundo malestar social, no solo por las horas de espera, sino por la sospecha generalizada de desvío de recursos hacia el mercado informal, una práctica que florece ante la ineficiencia del gobierno cubano para garantizar la distribución y el control de las asignaciones.
Testimonios desde el terreno reflejan la asfixia económica del sector. Orestes, un taxista del sector privado, cuestiona la contradicción de un sistema que exige el pago de impuestos y patentes pero no garantiza los insumos básicos para trabajar. \»Ni pagando con dólares el gobierno nos vende el combustible\», relata. La desesperación ha orillado a muchos a adquirir carburante en el mercado negro, donde el precio alcanza los 1.000 pesos cubanos por litro. Este sobrecosto, lejos de generar ganancias, obliga a los transportistas a trasladar la carga al pasajero, generando fricciones con una población que también enfrenta un poder adquisitivo diezmado por la inflación.
Desinformación oficial y crisis estructural
Ante la creciente indignación, la Unión Cuba-Petróleo (CUPET) ha emitido comunicados negando la paralización de la distribución, en un intento de desmentir los reportes ciudadanos en redes sociales. Sin embargo, la realidad de las calles desmiente la versión oficial. Empleados de los servicentros, como el despachador Jorge, se ven obligados a recibir las quejas de la población sin tener control real sobre los abastecimientos. Este escenario es la consecuencia directa de la inoperancia interna, la pérdida de aliados clave y el impacto de las sanciones internacionales, empujando a la isla hacia una crisis de subsistencia que evoca los peores momentos del Periodo Especial de los años noventa.
El estrangulamiento del transporte privado, vital dada la precariedad del servicio estatal, profundiza el colapso de la movilidad y encarece aún más el costo de vida. Esta asfixia económica y la percepción de un Estado que castiga el trabajo independiente mientras permite la corrupción en la distribución, actúan como acelerantes del éxodo migratorio. Ante la imposibilidad de sostener sus negocios y familias, miles de cubanos continúan optando por el abandono de la isla, desafiando a una dictadura que, ante el fracaso de su modelo, responde con ineficiencia, represión y narrativas triunfalistas que contrastan con la miseria cotidiana.