El régimen de La Habana ha reactivado la venta exclusiva de combustible en dólares en varios servicentros del país ante la aguda crisis energética derivada de la interrupción del suministro venezolano. Mientras quienes poseen divisas pueden adquirir gasolina y petróleo, la inmensa mayoría de la población enfrenta un colapso total del transporte público y una escalada de precios inasumible en el mercado informal.
La drástica reducción del flujo de petróleo desde Venezuela, que según estimaciones cubría alrededor del 30% de las necesidades energéticas de la isla, ha dejado al sistema nacional en una situación límite. Como respuesta, las autoridades de la isla han habilitado establecimientos de Cuba Petróleos (CUPET) en provincias como Santiago de Cuba para comercializar gasolina regular y petróleo a precios de entre 1,20 y 1,30 dólares el litro. El pago se limita exclusivamente a tarjetas en moneda libremente convertible, excluyendo de hecho a los ciudadanos que dependen del salario estatal en pesos cubanos.
El impacto de esta política discriminatoria se observa con especial crudeza en municipios como Songo La Maya, donde recientemente se ofertaron 10.000 litros de gasolina con un límite de 20 litros por persona. Sin embargo, testigos locales aseguran que la medida es fácilmente evadible mediante compras escalonadas o el uso de terceros, beneficiando a quienes tienen acceso a dólares y marginando al resto. En contraste, el mercado informal ha disparado el litro de gasolina por encima de los 1.000 pesos, un monto inalcanzable para la economía familiar media.
Consecuencias para la ciudadanía y el transporte
La escasez y la priorización del cobro en divisas han derivado en la paralización de los servicios básicos. Las empresas estatales enfrentan asignaciones de combustible cada vez más tardías, lo que obliga a la cancelación constante de rutas de transporte público. Los trabajadores y estudiantes deben recurrir al transporte privado, cuyas tarifas se han duplicado en cuestión de semanas en rutas intermunicipales e interprovinciales. Estudiantes de medicina reportan haber visto incrementados sus gastos de movilización de 200 a 400 pesos, un costo insostenible que agrava la precariedad social.
Expertos economistas habían advertido sobre el severo impacto de la pérdida del apoyo venezolano tras el cierre del flujo desde la dictadura de Nicolás Maduro. Proyecciones indican que esta crisis podría provocar una contracción del 27% del Producto Interno Bruto, un aumento del 75% en los costos de transporte y un encarecimiento de los alimentos de hasta un 60%. Esta situación se suma a la ya crítica inflación, el desabastecimiento generalizado y el éxodo migratorio masivo, evidenciando el fracaso estructural del modelo económico centralizado impuesto por la dictadura cubana.
La decisión de vender combustible únicamente en moneda extranjera profundiza la desigualdad social y evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar servicios mínimos a su población. A futuro, esta segregación económica no solo agravará el colapso de la productividad nacional, sino que también incrementará la presión social frente a un régimen que prioriza la captación de divisas por encima del bienestar y la supervivencia de sus ciudadanos.