Agentes de la Seguridad del Estado detuvieron este lunes en La Habana al periodista Henry Constantín, director del medio independiente La Hora de Cuba, y a la colaboradora Alejandra García. El arresto, calificado de arbitrario por el propio gremio, marca el tercer encarcelamiento del comunicador en lo que va de año y evidencia la profundización de la represión contra la prensa independiente en la isla.
Según denunció el equipo editorial de La Hora de Cuba, García logró comunicarse inicialmente para alertar que agentes estatales rodeaban la vivienda donde se encontraban. Pocos minutos después, confirmó la detención de ambos. Desde ese momento, el paradero de los comunicadores y los cargos legales en su contra permanecen desconocidos, lo que configura un nuevo episodio de desaparición forzada temporal a manos del régimen de La Habana. El medio ha exigido información inmediata sobre su ubicación y su liberación incondicional, responsabilizando al Estado por la integridad física y psicológica de los arrestados.
Hostigamiento sistemático contra la prensa independiente
El arresto de este lunes no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una campaña de hostigamiento continuo contra Constantín. El director de La Hora de Cuba fue arrestado el 14 de enero en la capital y mantenido durante más de 40 horas en paradero desconocido, sin orden judicial ni notificación a sus familiares. Días después, fuerzas policiales lo interceptaron en Camagüey en un claro acto de intimidación vinculado a su labor informativa. A sus 41 años, Constantín es una figura clave del periodismo independiente, reconocido por documentar abusos de poder y violaciones de derechos humanos en provincias del interior del país.
La criminalización del ejercicio periodístico es una constante en la gestión del gobierno cubano para silenciar cualquier intento de escrutinio público. La detención de García extiende esta red de represión a los colaboradores, enviando un mensaje disuasivo a quienes se atreven a informar al margen del monopolio estatal. Esta política de asfixia comunicacional ocurre en medio de una aguda crisis estructural que atraviesa la isla, caracterizada por la inflación galopante, el colapso de los servicios básicos y un éxodo migratorio sin precedentes, escenarios que las autoridades de la isla prefieren mantener ocultos mediante la censura y el miedo.
La reiteración de estos métodos coercitivos por parte de la dictadura cubana plantea un escenario cada vez más sombrío para las libertades fundamentales en el país. La impunidad con la que actúan los órganos de seguridad del Estado no solo compromete la seguridad de los comunicadores, sino que también supone un desafío directo a la comunidad internacional y a las organizaciones defensoras de la libertad de prensa, que deberán redoblar su presión para exigir el cese de la persecución política y el respeto a los derechos humanos en Cuba.