Viernes, 28 de agosto de 2026
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Cuba tiene capacidad para producir el 80% de sus alimentos, pero el modelo del régimen asfixia al campo

Cuba tiene capacidad para producir el 80% de sus alimentos, pero el modelo del régimen asfixia al campo

El ingeniero químico y especialista agropecuario Hugo Horizondo sostiene que la dependencia alimentaria de la Isla responde a un fallo sistémico del modelo impuesto por el régimen de La Habana, el cual ha desmantelado la producción nacional y sumido al campo en el colapso. Según el experto, Cuba posee los recursos naturales suficientes para abastecer a su población e incluso generar excedentes, pero la falta de libertades económicas y seguridad jurídica mantiene al sector estrangulado.

Hugo Horizondo, quien pasó sus primeros años de vida en la finca de su abuelo en Sancti Spíritus hasta que la propiedad fue intervenida por la dictadura cubana, ha dedicado su trayectoria profesional al estudio y práctica de la agropecuaria. Desde su experiencia al frente de una finca ganadera donde se ordeñaban unas 300 vacas, el también ingeniero químico ha sido testigo del deterioro progresivo de una industria que alguna vez fue pilar de la economía nacional. Su diagnóstico es contundente: la escasez de alimentos no obedece a limitaciones geográficas o climáticas, sino a la ineficacia de un aparato estatal que desestimula al productor.

Las cifras expuestas por el especialista reflejan la magnitud del desastre productivo impulsado por las políticas del gobierno cubano. La industria azucarera, que históricamente generaba millones de toneladas, apenas logra producir menos de 200.000 toneladas anuales en la actualidad. La producción de arroz se ha desplomado a una fracción de los niveles anteriores, mientras que el inventario bovino se ha reducido casi a la mitad, a pesar de que la población de la Isla es hoy mayor que en décadas pasadas. Este colapso interno obliga al ejecutivo cubano a importar alrededor del 90% de los alimentos que consume la población, un nivel de dependencia insostenible para una nación de 110.000 kilómetros cuadrados, donde aproximadamente el 60% de las tierras tiene vocación agrícola.

\»Puedo entender que a Cuba le falte petróleo o determinados recursos minerales, pero no que le falte comida\», argumenta Horizondo. El experto señala que el hambre que sufre el pueblo cubano es el resultado directo de un sistema que no incentiva la producción. En la práctica, el campesino debe entregar su cosecha a un intermediario estatal que posteriormente la administra y distribuye de manera ineficiente. Esta dinámica, donde el trabajador no puede disfrutar del fruto de su esfuerzo, anula cualquier incentivo para aumentar la productividad y fomenta el desabastecimiento crónico.

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¿Por qué Cuba no produce alimentos si tiene tierras y agua?

La solución, según el ingeniero, pasa ineludiblemente por la libertad económica. La primera condición para recuperar la agricultura es que el productor pueda decidir qué sembrar y a quién venderle, sin la intermediación asfixiante de las empresas estatales. Sin embargo, bajo el actual esquema de las autoridades de la isla, el campo opera bajo un asedio permanente. Muchos guajiros se ven obligados a producir por debajo de su capacidad o a ocultar parte de su cosecha para evitar quedar en una posición vulnerable frente a las cuotas, decomisos y controles del Estado.

La necesidad de un diagnóstico real frente al deterioro estructural

Antes de plantear soluciones de largo plazo, Horizondo advierte sobre la necesidad urgente de realizar un diagnóstico preciso. Tras más de seis décadas de retroceso, se desconoce el estado real de la infraestructura agrícola: caminos vecinales, sistemas de riego, embalses, maquinaria y suelos. Hablar de recuperación sin este inventario es, a su juicio, como recetar medicamentos a un enfermo sin antes realizarle pruebas médicas. El deterioro físico del campo se suma a la pérdida de capital humano, diezmado por el éxodo migratorio masivo que ha vaciado las zonas rurales de fuerza laboral capacitada.

Otro de los puntos neurálgicos del problema es la tenencia de la tierra. Actualmente, gran parte del territorio cultivable está en manos del Estado. Horizondo enfatiza que la seguridad jurídica sobre la propiedad es decisiva para cualquier intento de reanimación económica. Sin garantías reales de propiedad, los productores no tienen incentivos para invertir a largo plazo en mejorar suelos, construir infraestructuras o adquirir tecnología. Además, la falta de financiamiento agrava la situación. La agricultura es una actividad vulnerable a fenómenos climáticos, y la ausencia de una banca dispuesta a otorgar créditos blandos al sector impide que los campesinos puedan asegurar sus cosechas hasta el final del ciclo productivo.

El contexto de crisis sistémica y represión

La crisis agropecuaria no es un fenómeno aislado, sino que se entrelaza profundamente con la crisis estructural que atraviesa la Isla. La hiperinflación, la depreciación del salario real y el desabastecimiento crónico de insumos básicos han convertido la actividad agrícola en una batalla diaria contra la incertidumbre. A esto se suma la represión social y el control ejercido por la dictadura sobre cualquier forma de autonomía económica. El régimen de La Habana mantiene un cerco sobre los productores independientes, impidiendo el desarrollo de cooperativas libres o asociaciones de agricultores que puedan negociar precios justos o importar directamente sus insumos. La centralización del poder no solo empobrece al país, sino que garantiza la sumisión política a través de la dependencia alimentaria.

Para dimensionar el retroceso, basta con mirar hacia los antecedentes históricos. Antes de 1959, ya existían estudios que indicaban que una parte considerable de las mejores tierras de Cuba permanecía sin desarrollar, lo que sugiere que el potencial de crecimiento era inmenso. Las vegas del Cauto y los pastizales de Camagüey eran sinónimos de abundancia en producción de carne y leche. La presencia de multinacionales como Nestlé, que instaló fábricas en Sancti Spíritus y Bayamo para procesar leche evaporada, condensada y en polvo, ilustra un nivel de desarrollo agroindustrial que fue posteriormente desmantelado por la colectivización forzosa y la expropiación.

El camino hacia la autosuficiencia alimentaria

Pese al panorama desolador, Horizondo considera que Cuba podría producir perfectamente más del 80% de los alimentos que consume, e incluso más, en un escenario de transición democrática. La combinación de nuevas tecnologías agropecuarias con el conocimiento acumulado por el campesino cubano podría revertir la crisis en un plazo relativamente corto. La prioridad inicial, señala, debe ser los productos esenciales de la canasta básica: arroz, viandas, granos, leche y carne. Especial énfasis requiere la recuperación de la ganadería bovina, ya que, a diferencia de la avicultura o la porcicultura que dependen altamente de granos importados como la soya, el ganado vacuno puede desarrollarse con pastos, un recurso con el que la Isla cuenta de manera sobrada.

Consecuencias y perspectivas futuras

La incapacidad de las autoridades de la isla para revertir este colapso augura un futuro de profundización de la crisis económica y social. Mientras el Estado mantenga el monopolio sobre la tierra y la comercialización, la importación masiva de alimentos seguirá drenando las reservas del país, y la ciudadanía continuará padeciendo escasez y desnutrición. La solución a la crisis alimentaria en Cuba no es técnica, sino esencialmente política. Requiere el desmontaje del modelo totalitario que asfixia al productor. La comunidad internacional y los actores democráticos deberán centrar parte de sus esfuerzos en un futuro inmediato en devolverle al campesino cubano la libertad, la propiedad y los recursos para que la Isla vuelva a ser, como su geografía permite, un territorio próspero y autosuficiente.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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