La administración estadounidense trabaja en una estrategia para forzar un cambio de poder en Cuba antes de que concluya el presente año, según una investigación publicada por The Wall Street Journal. El esfuerzo se centra en la búsqueda de figuras dentro del aparato estatal dispuestas a negociar una transición, aprovechando la fragilidad extrema de la economía nacional y el reciente colapso de aliados clave en la región.
De acuerdo con el medio estadounidense, Washington estaría evaluando la posibilidad de contactar a \»personas con información privilegiada del gobierno cubano\» que faciliten un acuerdo para desplazar al Partido Comunista del poder. Esta iniciativa se inscribe en un escenario regional marcado por la reciente caída del dictador Nicolás Maduro en Venezuela, un evento que funcionarios de inteligencia de EE. UU. consideran un modelo y una advertencia para las autoridades de la isla. La pérdida de su principal benefactor petrolero ha dejado al régimen de La Habana en una posición de debilidad inédita.
El reporte cita evaluaciones que sitúan a la economía cubana al borde del colapso definitivo. Economistas consultados advierten que la isla podría quedarse sin reservas de combustible en cuestión de semanas, lo que agravaría la ya crítica situación de los servicios públicos. Este escenario es el resultado directo de décadas de mala gestión por parte del ejecutivo cubano, que ha conducido al país a una crisis estructural manifestada en apagones sistemáticos, desabastecimiento crónico de alimentos y medicamentos, una inflación galopante y un éxodo migratorio sin precedentes.
Presión diplomática y sanciones a las misiones médicas
En un intento por asfixiar las fuentes de financiamiento de la dictadura cubana, Washington también ha reforzado las restricciones contra las misiones médicas en el exterior, principal vía de ingreso de divisas para el Estado. A esto se suma la advertencia pública emitida por el presidente Donald Trump a inicios de año, cuando cortó el envío de recursos petroleros y financieros a la isla y emplazó a las autoridades a llegar a un acuerdo \»antes de que sea demasiado tarde\». Funcionarios estadounidenses han sostenido reuniones con organizaciones cívicas y exiliados en Miami y Washington para identificar posibles disidentes dentro del gobierno actual que visualicen el inevitable colapso.
Ante esta ofensiva, la respuesta desde La Habana ha sido de absoluta intransigencia. El gobernante Miguel Díaz-Canel ha rechazado cualquier posibilidad de capitulación o entendimiento basado en lo que califica de injerencia extranjera. Sin embargo, la combinación de un aislamiento internacional profundo, la represión social ejercida para silenciar el descontento y la pérdida de sus aliados estratégicos coloca al poder cubano frente a una de sus crisis de legitimidad y supervivencia más severas de su historia. Las próximas semanas serán determinantes para observar si la presión externa logra fracturar la cúpula o si la ciudadanía continuará soportando el peso de un sistema en ruinas.