La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero ha abierto un escenario de incertidumbre geopolítica en el Caribe que golpea directamente los intereses del régimen de La Habana, que durante dos décadas se sostuvo económicamente gracias al flujo de petróleo venezolano a cambio de servicios de inteligencia, asesoría política y control represivo sobre la estructura del chavismo.
La operación militar que resultó en la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores, trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales de narcoterrorismo, dejó al gobierno cubano ante uno de los golpes externos más severos a su red de alianzas internacionales. Con la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiendo la presidencia encargada respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia venezolano, las autoridades de la isla enfrentan la posibilidad concreta de perder el suministro energético preferencial que ha amortiguado durante años el colapso estructural de la economía cubana.
Sin embargo, la transición en Venezuela dista de ser un cambio de sistema. Según el periodista y defensor de derechos humanos Luis Carlos Díaz, quien fue víctima de detención arbitraria y tortura por la dictadura de Maduro en 2019, lo ocurrido representa un reacomodo dentro de la coalición en el poder más que una apertura democrática. \»Lo que vivimos fue un cambio de líder, un cambio en la estructura, en la coalición que mantiene el poder en Venezuela; pero no hay un cambio de régimen\», señaló Díaz en entrevista con ReporteCubaYa. El activista advirtió que el aparato represivo permanece intacto, con más de mil presos políticos continúan tras las rejas, y que las distintas facciones del chavismo —desde los hermanos Rodríguez hasta Diosdado Cabello— mantienen sus propios mecanismos de persecución y control.
El factor cubano en la crisis venezolana
La pregunta sobre cuánto poder real mantiene la dictadura cubana sobre las estructuras del chavismo resulta central en este nuevo escenario. Durante décadas, la presencia de militares y agentes de seguridad cubanos en Venezuela ha sido un pilar de la cooperación estratégica entre ambos regímenes, garantizando no solo el flujo petrolero hacia La Habana sino también el adiestramiento de cuerpos represivos venezolanos según modelos importados desde la isla. El ejecutivo cubano ahora enfrenta el riesgo de que un reordenamiento de las élites caraqueñas, bajo presión de acuerdos energéticos con Estados Unidos, reduzca o elimine esa influencia directa sobre las instituciones venezolanas.
Díaz advierte que la sociedad venezolana percibe un inicio de cambio pero no una transición formal, y que los acuerdos económicos y petroleros con Washington han sido lo único sustantivamente modificado. Las detenciones arbitrarias continúan como práctica cotidiana: el caso de 16 niños detenidos en Barcelona durante una festividad de fin de año, denunciados por simpatizantes chavistas y arrestados de manera aleccionadora, evidencia que la maquinaria de intimidación sigue operativa. Para la ciudadanía cubana, las consecuencias de este reacomodo geopolítico podrían ser decisivas: la eventual pérdida del respaldo venezolano aceleraría el deterioro de los servicios públicos y la escasez en la isla, profundizando una crisis que ya ha provocado el mayor éxodo migratorio de la historia reciente del país.