La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez juró este lunes ante la Asamblea Nacional como \»presidenta interina\» tras la orden del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que dispuso su asunción al cargo tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar de Estados Unidos que lo trasladó a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico. El hecho conmociona la región y abre un escenario de incertidumbre geopolítica que también sacude al régimen de La Habana, histórico aliado y sostén del chavismo en el Caribe.
La Sala Constitucional del TSJ emitió durante el fin de semana una resolución que encomendó a Rodríguez asumir \»el cargo de presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, con el fin de garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación\». El máximo tribunal venezolano anunció además que debatirá el \»marco jurídico aplicable\» para mantener el funcionamiento del Estado ante lo que calificó como \»ausencia forzosa\» del mandatario. La medida, adoptada sin ningún tipo de control democrático ni participación de la oposición, refleja el carácter autoritario con el que el chavismo ha gestionado las instituciones durante más de dos décadas.
Maduro fue capturado en la madrugada del pasado sábado 3 de enero y trasladado a Nueva York, donde este lunes se declaró inocente ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Manhattan. Durante la audiencia, calificada por la agencia AP como un trámite breve que anticipa una prolongada batalla legal, el exmandatario afirmó: \»Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente, el presidente de mi país\». Junto a él, su esposa Cilia Flores —también detenida— se declaró igualmente inocente. Ambos escucharon la comparecencia con audífonos para traducción simultánea y fueron trasladados desde una cárcel federal de Brooklyn bajo fuerte escolta armada.
Reacción internacional y cuestionamientos jurídicos
La crisis escaló rápidamente al Consejo de Seguridad de la ONU, que celebró una reunión de urgencia este lunes. El secretario general António Guterres advirtió que la operación establece \»un precedente peligroso\» en el derecho internacional. Juristas consultados por Reuters cuestionaron la legalidad de la captura por la falta de autorización del Consejo, la ausencia de consentimiento del Estado venezolano y porque, según esos expertos, no encajaría en un supuesto de legítima defensa. La operación, sin precedentes recientes en América Latina, reabre el debate sobre los límites de la jurisdicción extraterritorial y el uso de la fuerza en operaciones de captura de líderes acusados de delitos transnacionales.
Rodríguez, de 56 años, ocupaba la vicepresidencia desde 2018 y ejercía simultáneamente como ministra del Petróleo. Es descrita como una figura de peso dentro del chavismo y mantiene estrecha coordinación política con su hermano Jorge Rodríguez, reelegido este lunes como presidente de la Asamblea Nacional. La consolidación del binomio familiar en las estructuras de poder evidencia el carácter clientelar y cerrado del régimen venezolano, donde la sucesión se resuelve entre círculos íntimos antes que mediante mecanismos democráticos verificables.
Implicaciones para Cuba y la región
La caída de Maduro representa un golpe estratégico para la dictadura cubana, que durante años ha dependido del suminuro petrolero venezolano a cambio de cooperación militar, médica y de inteligencia. El colapso del flujo energético desde Caracas podría agravar aún más la crisis estructural que atraviesa la isla: inflación galopante, desabastecimiento crónico, apagones prolongados y un éxodo migratorio que ha superado el millón de cubanos en menos de tres años. Las autoridades de La Habana, que han mantenido un silencio cauteloso desde la captura, se enfrentan ahora a la posibilidad de perder a su principal aliado geopolítico y fuente de recursos en el hemisferio sur.
El escenario que se abre es de alta volatilidad. Por un lado, la continuidad institucional del chavismo bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez sugiere que el aparato de poder buscará mantenerse en pie mediante la represión y el control de las fuerzas armadas. Por otro, la ausencia de Maduro en el escenario político podría reactivar a la oposición venezolana y abrir fisuras dentro del propio oficialismo. Para la ciudadanía cubana y venezolana, ambas sometidas a regímenes que han priorizado la permanencia en el poder sobre el bienestar de sus pueblos, las consecuencias de esta crisis se medirán en los próximos meses en términos de estabilidad regional, presión internacional y la capacidad —o incapacidad— de las dictaduras de sobrevivir sin sus redes de apoyo mutuo.