La red feminista Alas Tensas difundió una alerta de búsqueda ciudadana para localizar a Kyramy Kissy Montenegro Rodríguez, una joven de 20 años residente en el municipio Arroyo Naranjo, cuyo paradero se desconoce desde mediados de diciembre en La Habana. La denuncia formal fue presentada por su familia ante las autoridades policiales, quienes hasta el momento no han ofrecido resultados públicos sobre la investigación.
Según los testimonios difundidos por activistas, la joven —conocida por sus allegados como \»Kira\»— salió de su domicilio el pasado 15 de diciembre y no regresó. Un vecino reportó haberla visto por última vez en el Parque de la Fraternidad, en el centro de la capital. La madre de la joven, Dilcell Rodríguez Torres, radicó la denuncia oficial bajo el expediente número 91284, tras varios días de angustiosa espera sin obtener respuestas efectivas por parte de la institución policial.
Kyramy mide aproximadamente 1.68 metros, pesa unas 160 libras, tiene ojos color carmelita y llevaba trenzas postizas. Al momento de su ausencia vestía un vestido negro y tenis blancos marca New Balance. Presenta tatuajes distintivos, entre ellos el nombre \»Kylian\» en el brazo izquierdo, el número \»1981\» en la mano y otro en el centro de la espalda. La familia ha alertado que la joven no portaba teléfono móvil debido a que se encontraba dañado, lo que dificulta aún más su rastreo. Cualquier información que permita su localización puede ser comunicada a los números 54317016 (madre) y 56145713 (abuelo).
Inseguridad ciudadana y abandono institucional
El caso de Kyramy se enmarca en un preocupante incremento de las desapariciones de personas y una profunda crisis de seguridad ciudadana que azota a la isla. Organizaciones de la sociedad civil, como YoSíTeCreo en Cuba, han tenido que suplir las deficiencias institucionales emitiendo protocolos para la activación de alertas a través de redes sociales con etiquetas como #AlertaYeniset. Esta dinámica expone la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar la integridad física de los ciudadanos, sumando otra capa de vulnerabilidad a una población ya golpeada por el colapso económico, la inflación y el desabastecimiento.
La pasividad de las autoridades cubanas ante estos hechos profundiza la desconfianza de la ciudadanía en el sistema de justicia y obliga a las familias a depender de la solidaridad digital para buscar a sus seres queridos. Mientras la dictadura cubana prioriza el control político y la represión social, el abandono institucional frente a la violencia y la inseguridad continúa empujando a más hogares a la incertidumbre, evidenciando el fracaso del Estado en su obligación más básica: la protección de la vida humana.