El Banco Central de Cuba (BCC) anunció la creación de un mecanismo para que las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) y trabajadores por cuenta propia puedan adquirir moneda extranjera a través del sistema financiero estatal. La medida llega en medio de una profunda crisis de liquidez, altísima inflación y un descrédito generalizado hacia las instituciones monetarias de la isla.
Según lo divulgado por el ejecutivo cubano en la Gaceta Oficial, los actores económicos no estatales podrán solicitar la compra de divisas mediante sus cuentas fiscales, sin manejo de efectivo. Sin embargo, el gobierno cubano impuso un estricto condicionamiento: el monto autorizado no podrá exceder el 50 % del promedio de los ingresos brutos obtenidos en el último trimestre. En la práctica, esto ata el acceso a la moneda extranjera a la capacidad previa de generar riqueza en pesos cubanos, una tarea cada vez más difícil en un contexto de empobrecimiento generalizado.
Hasta ahora, el sector privado carecía de cualquier vía legal para acceder al mercado oficial de divisas, obligándolo a operar casi exclusivamente en el mercado informal. Este mercado paralelo, que refleja la verdadera ley de oferta y demanda, ha sido el único refugio para empresas y ciudadanos frente a la inoperancia del sistema bancario estatal. Para las personas naturales, las autoridades de la isla mantienen los restrictivos límites de compra en bancos y CADECA, sometidos a una disponibilidad casi nula y a sistemas de turnos que agravan la incertidumbre cotidiana.
Una \»tasa flotante\» sin respaldo real
El anuncio se produce simultáneamente a la implementación de una supuesta tasa de cambio \»flotante\» por parte de las autoridades monetarias, dirigida a las formas de gestión no estatal. Aunque el régimen de La Habana sostiene que este tipo de cambio busca acercar los valores oficiales a la realidad del mercado, no existen mecanismos transparentes que garanticen su formación ni evidencia alguna de que el BCC cuente con las reservas necesarias para respaldar la operación. El mercado negro continúa, por tanto, dictando la referencia real de la economía nacional.
Analistas económicos interpretan esta apertura como un reconocimiento tácito del fracaso de la política cambiaria y la inevitable supremacía del mercado paralelo. No obstante, advierten que la efectividad de este canal será nula si no se acompaña de una inyección real de liquidez en el sistema bancario. Ante la persistente escasez de divisas, la brecha entre el discurso oficial y el colapso económico seguirá profundizándose. Las consecuencias para la ciudadanía y el sector privado se mantienen intactas, sometidas a las decisiones arbitrarias del poder sin control democrático por parte de la dictadura cubana, que mantiene a la isla en un ciclo constante de desabastecimiento estructural y precariedad.