El sistema eléctrico nacional de Cuba sufrió un nuevo golpe tras registrarse dos averías en centrales termoeléctricas del occidente del país, lo que eleva el déficit de generación a cerca de 2.000 megawatts (MW) y amenaza con dejar sin servicio a más de la mitad de la isla durante el horario pico nocturno.
Según informaciones oficiales, a primera hora de la mañana salió de servicio la Unidad 5 de la CTE Máximo Gómez debido a un salidero en su caldera. Pocos minutos después, la Unidad 3 de la CTE Ernesto Guevara de la Serna, en Santa Cruz del Norte, también quedó fuera de línea por un fallo técnico. Estas incidencias se suman a una larga lista de unidades inactivas por averías, mantenimientos prolongados y la parálisis de la generación distribuida debido a la escasez crónica de combustibles y lubricantes que padece el régimen de La Habana.
El parte diario de la entidad estatal refleja una demanda prevista superior a los 3.400 MW para la noche, frente a una disponibilidad que apenas roza los 1.500 MW. Esta brecha de aproximadamente 2.000 MW se traduce en una afectación estimada que podría alcanzar simultáneamente al 60 % del territorio nacional, configurando una de las jornadas más críticas de los últimos meses y evidenciando la incapacidad del gobierno cubano para garantizar un servicio básico.
Un colapso estructural con rostro ciudadano
La crisis energética ha experimentado un deterioro sostenido desde mediados de 2024, consolidando un escenario insostenible derivado de infraestructuras obsoletas, la falta de inversiones estructurales y una planificación burocrática ineficaz. Para la ciudadanía, este colapso trasciende la incomodidad: afecta directamente la conservación de alimentos, la cadena de frío de medicamentos, el bombeo de agua y las condiciones mínimas de habitabilidad en medio de una severa crisis económica e inflacionaria.
El prolongado desabastecimiento eléctrico ha servido además como detonante de protestas espontáneas en diversas localidades, especialmente tras los cortes de luz en horarios nocturnos. Ante el creciente malestar social, la respuesta de la dictadura cubana ha oscilado entre la indiferencia institucional y la vigilancia policial para acallar el descontento. Mientras tanto, la población se enfrenta a un futuro inmediato marcado por la oscuridad, con escasas perspectivas de que las autoridades de la isla logren revertir a corto plazo el colapso de la red eléctrica nacional.