Un video difundido por el colectivo comunitario Conducta Dade reveló el preocupante estado de salud y vulnerabilidad del exlocutor cubano Rolando Zaldívar en las calles de Miami, tras su reciente salida de un centro penitenciario. Las imágenes han motivado una rápida movilización de la diáspora cubana para localizar al que fuera uno de los rostros más reconocidos de la radio habanera y brindarle asistencia.
El material audiovisual, compartido a través de redes sociales, muestra a Zaldívar en un evidente estado de deterioro físico, desorientación y aparente situación de calle. Los miembros de Conducta Dade, una iniciativa dedicada a acompañar a personas con problemas de adicción y salud mental, lograron conversar brevemente con él para evaluar sus necesidades urgentes. La publicación del encuentro tuvo como objetivo activar una red de apoyo vecinal en el sur de Florida, instando a los residentes a identificar y asistir al comunicador en este complejo momento de su vida.
La situación actual de Zaldívar contrasta abruptamente con su pasado de esplendor profesional. Durante los años noventa y dos mil, su voz fue emblemática en la radio cubana, especialmente en el programa \»Disco Fiesta 98\» de Radio Ciudad de La Habana, siendo considerado un referente de dicción y profesionalismo para generaciones de locutores. Sin embargo, su trayectoria en el exilio ha estado marcada por dificultades legales y personales. Informaciones periodísticas indican que fue arrestado el pasado 1 de noviembre por hurto menor y posesión de cocaína, con una fianza fijada en 150 dólares. A esto se suman antecedentes de arrestos en 2019 por cargos de violencia doméstica, episodios que ya habían alertado sobre su frágil estabilidad emocional.
Las secuelas del sistema y el trauma del exilio
El caso de Rolando Zaldívar trasciende la anécdota personal y refleja una realidad más profunda sobre el impacto del aparato propagandístico y social de la isla. Durante décadas, el régimen de La Habana ha utilizado a figuras mediáticas como herramientas de propaganda, ofreciéndoles un estatus efímero dentro de un entorno de control absoluto y falta de libertades. Cuando estos profesionales deciden emigrar o son marginados por la dictadura cubana, se enfrentan a un abrupto vacío institucional. La transición a sociedades libres, tras años de represión psicológica y limitaciones estructurales, desencadena en muchos casos crisis severas de salud mental y adicciones, evidenciando las cicatrices dejadas por un sistema que descarta a sus ciudadanos una vez dejan de ser útiles a su narrativa.
Ante esta realidad, la respuesta de la comunidad cubanoamericana se ha erigido como un contraste frente a la indolencia del gobierno cubano. Organizaciones como Conducta Dade trabajan actualmente en la localización de Zaldívar para articular un acompañamiento sostenido que le permita iniciar un proceso de recuperación, similar a otros esfuerzos realizados con figuras en el exilio. Este episodio subraya no solo la fragilidad humana, sino también la urgencia de atender las secuelas psicológicas de la emigración forzada, mientras la diáspora asume la responsabilidad social que el Estado cubano ha ignorado sistemáticamente frente a sus propios nacionales.